Hay varias versiones sobre qué estaba haciendo el director de la CIA este martes en Moscú.

La hipótesis más compartida dice que John Ratcliffe pretendía advertir a Rusia sobre escalar la guerra en Europa, después de dos semanas especialmente tensas con numerosas violaciones del espacio aéreo de la OTAN, la detección de varios drones con explosivos en el aeropuerto de Leipzig y otros sabotajes y ataques híbridos.

No es la única. El New York Times sostiene que Ratcliffe pretendía ofrecer a Vladímir Putin un honesto y duro repaso de la situación actual de Rusia en Ucrania. Para The Insider, la idea era insistir en una nueva ronda de negociaciones de otoño, antes de las elecciones de medio mandato en EEUU.

Otra es una teoría movida en círculos de la diplomacia europea. Ratcliff visitó Moscú apenas dos días después de que el secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunciara que la estrategia de la Casa Blanca para ganar a Irán es la presión económica a sus aliados y 'salvavidas' de Teherán. Básicamente: Emiratos Árabes Unidos, China y Rusia. Sabemos que la CIA ha provisto de ayuda muy significativa a Ucrania en términos de inteligencia, que sirve ahora a Kiev para su defensa y los ataques a larga distancia en Moscú. También sabemos que a Donald Trump le gustaba el programa, porque en un momento en el que EEUU ha cortado prácticamente toda su ayuda directa a Kiev, es de lo poco que todavía le da capacidad de negociación sobre Ucrania y Rusia. Si EEUU quiere aislar a Irán para dar carpetazo de una vez por todas a la guerra más impopular de su mandato, "probablemente prometió a Rusia a cambio el fin del programa [de la CIA] en Ucrania".