El reloj sigue corriendo en la frontera entre Nepal y el Tíbet, y el escenario que tiene lugar desde el miércoles no hace más que agravarse. Lo que en los primeros reportes asomaba como una brutal crecida de montaña ya se consolidó como una catástrofe monumental que no da respiro a los rescatistas. Con el paso de las horas, las autoridades actualizaron el saldo de la tragedia y confirmaron que la cifra de muertos superó la barrera de los 550, mientras las cuadrillas pelean cuerpo a cuerpo contra el barro bajo la sombra de una nueva amenaza latente. El conteo oficial hiela la sangre y marca la pauta de lo que verdaderamente ocurrió. La policía nepalí elevó el número de víctimas fatales a 547, a los que se suman cinco fallecidos del lado chino. Sin embargo, el verdadero termómetro del desastre está en la lista de desaparecidos: hay más de 1.500 personas de las que no se sabe absolutamente nada. Entre los 977 buscados en Nepal y los 558 en el Tíbet, figuran cientos de extranjeros, trabajadores y peregrinos que viajaban rumbo al monte sagrado de Kailash.
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