Actualizado Viernes,
agosto
22:23Bilbao fue la plaza de Pedro Guti�rrez Moya �El Capea� y Enrique Ponce. Y lo va a ser de Marco P�rez, que ech� una tarde de figura del toreo, �nicamente frenada por la espada. La tarde m�s transcendental de su carrera. Marco bebe en las fuentes de Capea y Ponce, y este viernes, adem�s, bord� todo lo que propuso con brillo, solvencia, soltura y calado. Conviene decir cuanto antes que Domingo Hern�ndez lidi� una corrida sensacional: tres toros de un nivel superior, en diferentes grados de excelencia, y dos m�s que se prestaron con menos nota. Solo uno fall� con estr�pito. David de Miranda cort� una oreja con much�sima fuerza en un ejercicio de estoicismo brutal. Pudo ser doble el premio si se coloca frente al espejo del trofeo de Sebasti�n Castella. No tuvieron el mismo peso. Ni siquiera con la �ltima que obtuvo P�rez: sali� ganador de ese triple empate en el marcador.A las 18.55, comenz� el recital de Domingo Hern�ndez: las mulillas arrastraban, entre la ovaci�n del p�blico, a Maicero, un prodigio de estilo y flexibilidad, ritmo y, sobre todo, profundidad. Definida su preclara humillaci�n desde los primeros lances, anunci� el caro son de su sangre, esa bravura sin inercias tan cotizada, que exige precisi�n y calidad. O que tengas mucho arte, mucha clase o seas muy buen torero (Sergio Moreno dixit). David de Miranda se queda muy quieto. Firm� con este excelente Maicero -el toro de la feria con permiso del sexto- un entonado debut en Vista Alegre, penalizado por la espada, s�. Pero siempre faltaba algo en la faena que prolog� por estatuarios y epilog� por manoletinas. Ese algo que falta, a mi modo de entender, es al menos un muletazo m�s por tanda. Y, sobre todo, enganchar las embestidas. La obra, por contra, no fue corta como las series. Tore� como siempre m�s suelto por la mano izquierda, sellando una primera ronda y un cambio de mano superiores. Por las dos embisti� el toro que ped�a el toreo. No hubo lugar al arrim�n con el que Miranda dispara su concepto. Eso vendr�a despu�s. Todo lo contrario hizo un sensacional Marco P�rez con el tercero bis, tambi�n de Domingo Hern�ndez, un t�o. Marco esper�, enganch� y, en este caso, tap� las embestidas. Otro tipo de embestida m�s remisa, no tan humillada y, por tanto, sin clase. De hecho, el grand�n toro manse� todo y m�s con un fondo obediente al mando del joven salmantino, que se encaj� de verdad, muy roto y templado con el toro. De hecho, m�s de verdad y templado que nunca. Una serie zurda fue colosal. Extraordinario el tipo. Si llega a enterrar la espada, hubiera sido un aldabonazo fuerte. Pero fue la �nica vez que se aceler�.Afortunadamente, David de Miranda arregl� luego su descosido ante un quinto de portentosa cabeza y cuerpo menor, un toro con la medida de la duraci�n y la humillaci�n exacta, lo suficientemente mir�n y obediente, para que explorara el par�n en toda su dimensi�n. Tremebundo de aguante y quietud del enhiesto cipr�s de Trigueros. Los pitones sacaban virutas del oro de la taleguilla. La gente se emocion� de veras, y convulsion� con el b�rbaro volapi�, cuando el pit�n le sac� el chaleco. La estocada en lo alto, la pasi�n tambi�n. El presidente Mat�as se fren� en una sola oreja y David de Miranda pase� dos clamorosas vueltas al ruedo.A las 20.38, Marco P�rez brind� a Enrique Ponce. Ya ven�a embalado de haber firmado el mexicano quite de oro (Pepe Ortiz), cuando el toro sobrero hac�a ya a todo con torrencial bravura. Otro pedazo de toro este M�sico. No el m�s talentoso, pero s� el m�s llamativo. Marco se asent� sobre los ri�ones, hincado de rodillas, para torear en redondo. La faena ray� a la altura del toro, de trepidante ritmo, otra velocidad. Importante modo de embestir, importante la faena tambi�n. Vista Alegre bramaba. Un alboroto gordo en una serie sin soltar y en las luquecinas finales. Ya m�s para el p�blico que todo lo bueno para el toro. Perfecto el entendimiento. Lo �nico que falt� fue haberse ido antes a por la espada. Volvi� a pinchar otra faena de triunfo grande en los mismos terrenos de la anterior, frente a toriles. La gran estocada que sigui� enmend� la plana.Otro toro notable en la corrida fue el cuarto. Carrill�n se llamaba. De caracter�sticas similares a Maicero, puede que sin alcanzar aquella excelencia. Un buen toro. A las 19.39, la plaza se estremeci� cuando el toro le busc� las vueltas al caballo y acab� por encontrar al monosabio. La paliza fue de �rdago y pudo ser peor. Sebasti�n Castella estuvo bien en una faena estandarizada con los mejores momentos en su izquierda.�Te doy gracias, Se�or, por no confundirme llamando 'primavera' lo que era solamente un invierno templado�, escribi� Rafael de Le�n. Mat� Castella con una estocada desprendida, y Mat�as se entreg� a la petici�n... Aqu� es donde la cosa comparativa cay� en el agravio con David de Miranda.Muy lejos qued� aquel manso de libro en los albores de la tarde, uno de los dos cinque�os -1� y 5�- de la corrida de Domingo Hern�ndez. Frentudo y sin cuello, badanudo y basto, hu�a incluso de su sombra. Nadie se hizo con �l. Para cuando Sebasti�n Castella lo atron� con el �ltimo golpe de verduguillo, hab�an pasado 32 minutos desde el inicio del festejo y no hab�a pasado nada. Todo pasar�a despu�s, y ser�a mucho.Marco P�rez y David de Miranda mantuvieron una pugna por el coraz�n de Bilbao desde que a las 18.39 rivalizaron en quites. Pero Marco gan� por la proyecci�n y dimensi�n mostradas. De figura del toreo, ya digo. Plaza de Vista Alegre. Viernes, 28 de agosto de 2026. Quinta de feria. Un tercio de entrada. Toros de Domingo Hern�ndez, tres cinque�os (1� y 5�) y el sobrero del mismo hierro (6�); de diferentes seriedades; excelente el 2�; notable el 4�; de torrencial bravura el 6�; manejable el 5�; el peor fue el manso 1�.Sebasti�n Castella, de azul cobalto e hilo blanco. Pinchazo, estocada pasada, tendida y ca�da y dos descabellos (silencio); estocada desprendida (oreja).David de Miranda, de pizarra y oro. Pinchazo, estocada pasada, tendida y ca�da y dos descabellos (silencio); gran estocada (oreja).Marco P�rez, de azul pavo y oro. Dos pinchazos y estocada contraria (saludos); pinchazo y gran estocada (oreja).








