El diseño de productos financieros para atender los posibles efectos del fenómeno del Niño, que alcanzaría su “pico” de intensidad en el país hacia finales de año, es parte de las acciones que se ejecutan desde la banca pública.Los diferentes sectores, incluida la banca, ponen el foco en este fenómeno por las inundaciones y otros eventos asociados que pueden generar daños sobre la infraestructura y las actividades productivas de varias localidades. La prevención salta como factor clave ante esta amenaza climática.En esa línea, el Banco de Desarrollo del Ecuador (BDE) prepara mecanismos de financiamiento para atender eventuales daños.PublicidadPaúl Auz, gerente de la División de Asistencia Técnica de la entidad, explicó —durante un panel que se desarrolló en Samborondón— que se estructuró un programa de atención de emergencias con líneas de crédito contingentes para gobiernos autónomos descentralizados.Actualmente, el programa cuenta con una línea de $ 10 millones y el BDE trabaja con el Banco Interamericano de Desarrollo para ampliar la cobertura hasta aproximadamente $ 40 millones.Los recursos podrán destinarse a gastos elegibles, entre ellos la rehabilitación de infraestructura afectada.PublicidadPublicidadEl funcionario indicó que los gobiernos locales pueden solicitar estas líneas cuando se active una emergencia. Los cantones con mayores niveles de vulnerabilidad son los que deberían priorizar este mecanismo.Actualmente, el país se encuentra en alerta naranja y desde el Gobierno se ubicó a 17 provincias, 143 cantones y 491 parroquias como vulnerables a El Niño.“Los cantones que tienen esta alta vulnerabilidad, pues son los primeros que deben solicitar”, dijo.Los desembolsos pueden realizarse entre 30 y 60 días, de acuerdo con las condiciones del programa. La tasa será concesional, aunque Auz señaló que todavía se está definiendo este tema mientras se amplía la cobertura.El BDE también trabaja con organismos internacionales para desarrollar seguros paramétricos destinados a infraestructura vulnerable.“Desde el banco estamos buscando, ampliando, innovando nuevos productos financieros como el seguro paramétrico para cubrir esta infraestructura que es vulnerable a eventos adversos”, manifestó.PublicidadLa iniciativa se encuentra en una etapa piloto y contempla identificar ciudades con alta vulnerabilidad e infraestructura como vías y puentes expuestos a deslaves e inundaciones. Para ello, el BDE mantiene conversaciones con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, la Agencia Francesa de Desarrollo y el Banco Mundial.En el contexto del aseguramiento y del segmento paramétrico, Patricio Salas, secretario general de la Federación Ecuatoriana de Empresas de Seguros (Fedeseg), recordó que las pérdidas financieras por eventos climáticos también erosionan los activos utilizados para producir y sostener ingresos futuros.“No solamente estamos hablando de pérdidas financieras que ciertamente son críticas, porque es restar, erosiona todo el esfuerzo de creación de riqueza, de activos para producir, para sostener los ingresos futuros”, dijo.Salas citó que el Swiss Re Institute calculó que en 2025 las catástrofes naturales generaron alrededor de $ 220.000 millones de pérdidas económicas en el mundo y que de este monto solo $ 107.000 millones, aproximadamente el 49 %, estaban aseguradas.Para el dirigente, estos eventos también generan incertidumbre y pueden afectar la estabilidad de las comunidades y del país. Por ello, planteó la necesidad de definir mecanismos para tratar los riesgos antes de que ocurran.Entre las alternativas mencionó la transferencia del riesgo mediante seguros, aunque aclaró que no es el único mecanismo disponible.Salas explicó que el seguro busca permitir la continuidad de las actividades después de una pérdida.Entre las coberturas disponibles mencionó activos, vehículos, obras públicas, proyectos en desarrollo e infraestructura privada y pública. Destacó los seguros paramétricos, que permiten activar pagos cuando se cumple un parámetro previamente establecido.“El seguro paramétrico tiene un objetivo muy claro y es inyectar liquidez lo más pronto posible en las comunidades donde han ocurrido catástrofes”, explicó.Según Salas, dependiendo de las condiciones pactadas, los pagos pueden concretarse en días e incluso horas. Si se establece, por ejemplo, una determinada magnitud de un terremoto como parámetro, una vez que se confirma el evento se activa la cobertura.Si los beneficiarios son gobiernos locales, los recursos pueden ser utilizados para atender necesidades inmediatas y procesos de reconstrucción.Mantenimiento de redes para reducir inundacionesHernán Mendoza, representante de la Asociación Ecuatoriana de Rehabilitación Sin Zanja, Saneamiento y Ambiente (AERSA), acotó que las acciones de prevención deben ejecutarse para mitigar efectos como las inundaciones.“Las redes obstruidas garantizan inundaciones siempre. Por ende, la prevención tiene que ser en mantener las redes limpias, desobstruidas y rehabilitadas”, manifestó.Mendoza señaló que, durante el evento del Niño de 2023-2024, un aproximado del 56 % de las alertas atendidas por la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos correspondieron a inundaciones.A su criterio, Ecuador debe pasar de una respuesta reactiva a una preventiva. A esto se suma la antigüedad de parte de la infraestructura que existe en varias localidades.En ese sentido, Mendoza cuestionó que se priorice la construcción de nueva obra sin el mantenimiento correspondiente.Entre las acciones planteadas mencionó que está el levantamiento de información, limpiar y desobstruir tuberías, realizar análisis estructurales y determinar cuáles requieren rehabilitación.Según Mendoza, el mantenimiento, la inspección y la rehabilitación pueden reducir entre 30 % y 50 % la capacidad de inundación de las redes y a eso deben apuntar las ciudades.Entre los problemas que pueden corregirse mediante mantenimiento mencionó los reboses provocados por sedimentos, bloqueos y fallas localizadas. También señaló que existen casos que requieren otras soluciones, como colectores subdimensionados, desbordamientos de ríos y zonas urbanas ubicadas en cotas bajas. (I)