Correr todos los días del año no parece un desafío para cualquiera, menos para Ignacio “Negro” Doheijo quien, desde que tiene memoria, lleva su cuerpo a la exigencia porque lo disfruta. Cuando era un adolescente descubrió que su verdadera pasión era correr en la montaña, perderse en el bosque y enfrentarse con su peor enemigo: su cabeza. Hoy tiene 36 años, y hace más de seis que entrena a corredores para carreras de montaña y calle. En abril, corrió 550 km en California –junto a otros siete corredores– y terminaron primeros, en probablemente, la carrera más desafiante del mundo. The Speed Project (TSP), es una carrera que se realiza anualmente desde hace 13 años, comienza un día a la madrugada en el muelle de Santa Mónica y termina en el cartel de Las Vegas. Durante casi 600 kilómetros deben cruzar el Valle de la Muerte bajo un sol ardiente hasta alcanzar la meta. La carrera no tiene un sitio web oficial ni un lugar donde inscribirse, se necesita invitación para participar. No hay reglas ni una ruta designada y sobre todo, no hay espectadores. “En algún sentido es un poco más under”, dice Ignacio. La mayoría de los equipos alquila una casa rodante, un auto y se divide en dos grupos: mientras algunos corren, otros descansan y esperan su turno, entonces cada uno hace tramos de hasta 1 km, 500, 200 o 300 metros, dependiendo de las condiciones en las que se encuentren. Con un walkie-talkie a mano informan cada próximo movimiento, por ejemplo, si la camioneta debe frenar a cargar nafta, un corredor debe correr más tiempo de lo estimado.
El argentino atravesó corriendo el Valle de Muerte
Ignacio Doheijo integró el equipo argentino que completó el Speed Project, una carrera de 600 kilómetros sin recorrido fijo, sin espectadores y sin reglas. La prueba viviente de una competencia extrema que terminó convirtiéndose en una experiencia colectiva.







