Rodeados constantemente de tecnología, la dependencia o el mal uso de los móviles se ha convertido en una de las principales preocupaciones para las familias con hijos adolescentes. Los expertos advierten de que el reloj no debería ser la única herramienta de medida y que es necesario desplazar el foco del “cuánto tiempo” al “cómo” y “para qué” se usa el dispositivo.

“El tiempo no puede ser nunca el único indicador que nos haga ver si al final hay una afectación en la vida de la persona adolescente”, explica Laura Cuesta, profesora y divulgadora experta en educación digital y profesional en el servicio de prevención de adicciones del Ayuntamiento de Madrid. Cuesta asegura que hay muchos más factores a tener en cuenta, a pesar de que el tiempo de pantalla también es un indicador.

Señales de alerta en el día a día

El primer paso para detectar una relación problemática, según Cuesta, es observar el impacto del móvil en las necesidades básicas, como los cambios en los hábitos de sueño, alimentación e higiene. “Si esas horas de pantalla están haciendo que empiece a comer mal, que muchas veces incluso ya no quiera comer con la familia en las horas habituales, que no quiera salir de la habitación, que empiece a dormir peor porque está con las pantallas durante la noche, lo que llamamos vamping, y que luego se levante cansado, en época escolar esto además hace que llegue muy muy cansado al centro escolar e incluso, ya en casos mucho más graves, adolescentes que dejan de ducharse por estar conectados”, enumera la experta.