La inflación aceleró en agosto por la subida de los combustibles hasta marcar su peor dato en 43 meses. Los precios subieron un 4,3% en tasa interanual, lo que supone un avance de siete décimas respecto a la inflación de julio. El final de la tregua entre Estados Unidos e Irán a finales de julio y la reimposición de restricciones al paso de cargueros en el Estrecho de Ormuz volvió a elevar el precio del crudo, trasladándose rápidamente a los carburantes.
Pero hay otro factor fundamental que explica el salto de la inflación: la paulatina eliminación de la rebaja de impuestos al diésel y la gasolina. El Gobierno comenzó a retirar las ayudas fiscales en julio y esto ha contribuido a elevar el precio de los carburantes hasta los máximos desde el inicio de la guerra. Una subida que obligará al Gobierno a volver a bajar el impuesto al diésel, con un beneficio de 20 céntimos por litro a partir del próximo 1 de septiembre (la gasolina se queda con un descuento de 5 céntimos).
Esta inflación supera en casi un punto (0,9 puntos) el pico de inflación alcanzado en el primer mes de la guerra, antes de que el Gobierno aprobara el primer plan de ayudas fiscales. Y eso a pesar de que el precio del crudo en agosto ha sido un 12% inferior al del inicio del conflicto, medido en euros.












