Imagen es percepciónLa inesperada visita del director de la CIA a Moscú revela hasta dónde ha escalado la tensión entre Rusia y la Otán.

Las guerras no siempre comienzan con tanques cruzando una frontera. A veces empiezan mucho antes, con informes de inteligencia, advertencias privadas y emisarios enviados discretamente para comunicar al adversario que existe una línea que no debe cruzarse.

El director de la CIA, John Ratcliffe, viajó a Moscú y se reunió con Serguéi Narishkin, jefe del Servicio de Inteligencia Exterior ruso. Vladímir Putin no participó. Pero lo importante no fue el viaje, sino el mensaje.

La reciente publicación de The Wall Street Journal reveló que, Ratcliffe fue enviado para advertir a Rusia de que no ataque a ningún miembro de la Otán. La advertencia responde a evaluaciones de inteligencia según las cuales Moscú podría intentar probar la cohesión de la Alianza con una acción limitada.

Washington no ha confirmado oficialmente ese propósito. El presidente Donald Trump calificó el viaje de “semirrutinario” y negó que respondiera a planes rusos contra la Otán. Queda entonces en el aire una pregunta: ¿qué información consideró Washington suficientemente seria para enviar al director de la CIA a Moscú?