Han pasado ocho semanas desde que la perforación de la L9 del metro de Barcelona provocó un socavón en el barrio de Sant Gervasi que obligó a desalojar a los vecinos de ocho edificios y una docena de negocios. Los habitantes de cuatro fincas han vuelto a casa, y en el resto siguen en hoteles o casa de familiares mientras se realizan “trabajos de consolidación”, en términos técnicos. A 40 metros bajo tierra, la tuneladora que excava y construye el túnel sigue donde se quedó el 7 de julio, explican fuentes del departamento de Territorio de la Generalitat, cuya empresa Infraestructures ejecuta las obras. Las mismas fuentes añaden que se trabaja en analizar las causas y que la excavación no se reanudará hasta que se hayan revisado y validado protocolos. “El objetivo es garantizar las máximas condiciones de seguridad en los aproximadamente 1.000 metros que faltan hasta la plaza de Lesseps”, resumen. Los geólogos consultados señalan que el kilómetro que falta perforar es de una gran dificultad técnica, por la composición variada del subsuelo, con materiales poco estables. Y recetan prudencia: revisar estudios y proyectos, por mucho que el conocimiento del terreno sea exhaustivo. Y si es necesario, hacer nuevos informes antes de retomar los trabajos.En la Generalitat también detallan que “antes del incidente ya estaba prevista una parada de mantenimiento, aproximadamente 20 metros más delante de su posición actual”, indican en la consejería de Territorio. Y añaden que “cuando finalicen los trabajos de consolidación la previsión es avanzar estos 20 metros hasta el punto de mantenimiento programado”, sin precisar de cuánto tiempo estamos hablando. La de la L9 es una obra que acumula más de una década de retraso. La actual tuneladora, de 2003, lleva casi 20 años bajo tierra, de los que una década (los de la gran crisis económica) estuvo parada. Sobre el origen del socavón, las mismas fuentes oficiales apuntan que se sigue trabajando en “el análisis de las causas del incidente y en la revisión de los procedimientos de trabajo y mecanismos de supervisión”. La excavación no se producirá, insisten, hasta que no se hayan “revisado y validado los protocolos de trabajo” según las conclusiones que se saquen.Antes de llegar al punto del socavón, la tuneladora, que perfora con una gran rueda de corte frontal, apuntala el entorno y coloca las dovelas, dejando el túnel construido a su paso, había perforado granito. Un material de gran dureza: tiene, de malo, que cuesta mucho atravesarlo; pero, de bueno, que es muy estable. Ahora ha pasado a la zona de pizarras, donde es necesario aplicar presión [entorno al túnel, inyectando una pasta] para evitar que el terreno ceda”. Una de las hipótesis es que se produjo una descompensación al aplicar la presión; parte de las pizarras cedieron y se generó lo que se conoce como “chimenea”, provocando el agujero en superficie.El vicepresidente del Colegio de Geólogos, Joan Martínez, explica que la geología de Barcelona “es extremadamente compleja, con materiales muy distintos, de diferentes edades y comportamientos”. Hay suelos blandos, los de los deltas de los ríos Llobregat y Besòs, arenas por debajo del nivel freático del agua, con sus singularidades; y fuera de los ríos el material es más antiguo y consolidado (argilas compactas y variedad de rocas), pero también material calcáreo o pizarras que presentan condiciones geomecánicas pobres, enumera Martínez. Y lo dice más gráficamente: menos sólidas y que si están próximas a antiguas fallas, están incluso laminadas o troceadas. Además, en las zonas con pendiente, donde había rieras, la presión del terreno sobre el subsuelo es menor, por mucho que se hayan rellenado.El catedrático de Geología Estructural Josep Anton Muñoz, que en su día participó en un estudio geológico previo al proyecto de la L9, insiste en la idea de “la complejidad” del terreno que falta hasta Lesseps. Un “tramo difícil”, escribió en un análisis que publicó en el portal de la facultad de Ciencias de la Tierra. La misma pizarra del socavón de Sant Gervasi es la que había en el socavón de Montcada que se tragó una máquina excavadora, detalla. “Es una roca presente en los substratos más antiguos de Barcelona, los de las colinas, y tiene menos estabilidad”. Muñoz señala que “la tuneladora es un método seguro”, pero constata la complejidad del tramo que falta: “Se enfrenta a rocas heterogéneas, que tienen comportamientos no tan regulares desde el punto de vista mecánico; se trata de tener prudencia, cueste lo que cueste”.