Equipos de rescate ayudan a una mujer a entrar en su casa dañada por la riada, en Trishuli, distrito de Nuwakot (Nepal).
Navesh Chitrakar (REUTERS)La emergencia en el Himalaya ha entrado este viernes en una fase especialmente delicada, en la que China y Nepal afrontan una carrera contra el agua. El gigantesco desprendimiento que el miércoles desencadenó una violentísima riada en esos valles dejó a su paso toneladas de barro y sedimentos encajados en varios cauces a ambos lados de la frontera. Esos tapones naturales han formado dos lagos de barrera que Pekín y Katmandú mantienen bajo estrecha vigilancia. Con más lluvias previstas, las autoridades de los dos países asiáticos advierten de que el peligro vuelve a estar río arriba: si esas presas naturales cedieran, podrían provocar nuevas inundaciones en unas zonas que ya quedaron devastadas hace dos días en una catástrofe que ya se ha cobrado al menos 472 vidas y ha dejado 1.535 desaparecidos (977 en Nepal y 558 en Tíbet).“La principal dificultad es que no podemos acercarnos al lago”, explicó a la radiotelevisión estatal china Chen Hanxiao, integrante del equipo de reconocimiento de China Aneng. “Tras el derrumbe se formaron numerosos precipicios y paredes escarpadas; es muy difícil que lleguen las personas y también que la maquinaria, incluidas las excavadoras, alcance la parte superior de la presa natural”, agregó. El peligro ya ha obligado a frenar el operativo en el lado tibetano. CCTV ha informado este viernes de que los equipos que avanzan hacia el principal sector de búsqueda han detenido temporalmente la marcha y permanecen concentrados en una zona segura próxima a la aldea de Laojiang. El lago, situado más de diez kilómetros río arriba del paso fronterizo de Gyirong, continúa desbordándose. La vigilancia aérea, las evacuaciones y los trabajos alejados del cauce sí siguen activos. El represamiento que vigila China es, por ahora, el único cuyas dimensiones se conocen. Las mediciones realizadas con drones indican que el dique natural tiene unos 150 metros de longitud y entre 40 y 50 metros de altura, y retiene entre 1,5 y dos millones de metros cúbicos de agua. El Ministerio de Recursos Hídricos chino calcula que otros tres millones de metros cúbicos podrían entrar en el lago durante los próximos tres días y considera elevado el riesgo de una rotura, con el máximo caudal previsto hacia el 1 de septiembre. Un grupo chino de especialistas China Aneng ha elaborado un modelo tridimensional del terreno, pero el jueves solo pudo observar el lago desde unos seis kilómetros de distancia. Los precipicios, las laderas reblandecidas por las lluvias y los continuos desprendimientos impiden que personas y maquinaria alcancen la presa natural, de acuerdo con la información divulgada por la cadena estatal china CCTV. El equipo tenía previsto intentar acercarse este viernes a pie para medir el fondo y la velocidad a la que sube el agua. Por su parte, la autoridad de gestión de desastres de Nepal solo ha precisado que el nivel del otro lago continúa aumentando después de que los materiales arrastrados por la riada obstruyeran un cauce en el área afectada. El organismo ha pedido a habitantes, viajeros y equipos de rescate que se alejen de las orillas y permanezcan en lugares elevados. El balance de víctimas publicado por la policía de Nepal este viernes por la mañana asciende a 469. China, de momento, solo ha comunicado tres fallecidos. Las autoridades nepalíes afirman haber rescatado o atendido a más de 1.545 personas heridas. Por su parte, la Autoridad Nacional para la Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres de Nepal contabiliza por el momento 977 personas en paradero desconocido, entre las que figuran 517 extranjeros, 127 nepalíes residentes en el exterior que se encontraban de visita, además de 85 miembros de las fuerzas de seguridad y aduanas y decenas de habitantes de las localidades afectadas. En Tíbet, los datos se mantienen sin cambios desde el miércoles por la noche: tres fallecidos y 558 desaparecidos, de los cuales 260 son extranjeros.











