OpiniónHay un antes y un después tras el terremoto. La asistencia a las zonas afectadas va a requerir de mayúsculos esfuerzos tanto fiscales como políticos.27.08.2026 22:01 Actualizado: 27.08.2026 22:01 Alos tres días de la posesión presidencial, Colombia sufrió una de sus peores catástrofes naturales. No solo tembló la tierra; también los cimientos de la sociedad entera. La solidaridad como deber ciudadano no ha ignorado el dolor que dejó el terremoto a su paso.Para el Gobierno, al que se le reconoce diligencia y celeridad —como se esperaría de cualquier otro a la luz de las obligaciones constitucionales que se imponen al Estado en materia de protección de las personas más vulnerables—, el terremoto dejó consecuencias. Luego de la catástrofe y dimensionada su magnitud, la Administración se ha visto obligada a recalibrar sus metas y propósitos inmediatos de gobierno, más aún cuando comienza la fase de reconstrucción.Tal vez la palabra “reconstrucción” no sea la más exacta para describir cabalmente lo que en un Estado social de derecho significa responder con políticas públicas a las exigencias de enfrentar la vulnerabilidad humana y, particularmente, la que se causa como consecuencia de desastres naturales. Aunque desde luego hay que volver a levantar muros, no se trata solamente de eso.Muchas de las zonas afectadas son al mismo tiempo regiones que albergan comunidades históricamente olvidadas. En su caso no basta ofrecer subsidios, cemento y retroexcavadoras; se requiere una renovada y reforzada política social y de desarrollo económico. El Chocó, tan solo para citar un ejemplo, no cuenta —ni contaba— con infraestructura hospitalaria adecuada. Tampoco con escuelas dignas. Muchos de sus municipios carecen de alcantarillado o acceso a servicios públicos esenciales. Las tasas de desempleo están entre las más altas de las estadísticas oficiales, así como los niveles de desigualdad y pobreza. Antes del terremoto, allí ya domiciliaba la tragedia. Y nada se hizo.La política no tiene cabida en medio de la crisis. Cumplir ese deber no será un milagro, sino eso: el cumplimiento de un deber estatal inexcusable.Hay un antes y un después tras el terremoto. La asistencia a los territorios afectados va a requerir de mayúsculos esfuerzos tanto fiscales como políticos. A la par que se exige una diligente gerencia guiada por la eficiencia y la transparencia, el proceso será largo y puede que ocupe gran parte del término del mandato presidencial y del repertorio de medios y recursos a su disposición.El éxito o el fracaso de una administración también se juzga por la forma como se gestionan las crisis. El Presidente, en medio de la catástrofe que le tocó asumir —y de las que vendrán por efecto del fenómeno de El Niño— tiene la oportunidad de demostrar que él y su equipo están a la altura de las circunstancias, las cuales exhiben una dimensión y complejidad que trascienden la mera recuperación de viviendas e infraestructura siniestradas. La respuesta por la que clama el país es mucho más profunda. Quizás el sismo crudamente nos lo recuerda como una insoslayable e impostergable necesidad.Este gobierno y los que siguen serán medidos con una vara diferente. Ante la profusión de vulnerabilidades y riesgos —de origen natural, pero sobre todo de origen social y político—, el metro para estimar la gestión presidencial no será otro que el aplicable a la reducción de las vulnerabilidades de la población, vale decir, a la reducción de la desigualdad, sea esta de origen humano o derivada de la naturaleza.No se trata, entonces, de que la política económica y la recuperación de la seguridad dejen de ser las prioridades fundamentales de esta administración. Ellas seguirán siendo la punta de lanza del Presidente. Pero en el actual contexto, el llamado para el Gobierno es otro y es imperioso: servir y cumplir el deber de protección frente a las comunidades más vulnerables sin cálculos ni tamices ideológicos. La política no tiene cabida en medio de la crisis. Cumplir ese deber no será un milagro, sino eso: el cumplimiento de un deber estatal inexcusable. Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. BOLETINES EL TIEMPORegístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses. Mantente informado con lo que realmente te importa.EL TIEMPO GOOGLE NEWSSíguenos en GOOGLE NEWS. Mantente siempre actualizado con las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en Google News.EL TIEMPO WHATSAPPÚnete al canal de El Tiempo en WhatsApp para estar al día con las noticias más relevantes al momento.EL TIEMPO APPMantente informado con la app de EL TIEMPO. Recibe las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en tu dispositivo.SUSCRÍBETE AL DIGITALInformación confiable para ti. Suscríbete a EL TIEMPO y consulta de forma ilimitada nuestros contenidos periodísticos.