Casas por más de 150 millones de dólares, helipuertos privados y bajos impuestos. Estos son los ingredientes de una receta que los más ricos de Estados Unidos conocen muy bien. Es la que ha convertido a Miami en, como dicen en inglés, the place to be. El lugar en el que estar.
La gran ciudad de Florida se ha convertido en los últimos años en un escaparate de lujo y opulencia que ha atraído a algunas de las mayores fortunas del país, prolongando su estatus como uno de los grandes focos de riqueza estadounidenses. La primera razón se explica sola: un clima tropical, playas y una gran oferta de ocio. Pero hay una gran letra pequeña.
Florida, el estado al que pertenece, cuenta con un ventajoso régimen fiscal y es uno de los que no impone un impuesto sobre la renta. A diferencia de estados como Nueva York o California, que tienen un impuesto estatal sobre la renta que ronda el 10%, en Florida este tributo no existe para sus residentes y en la misma constitución del estado se especifica que no se puede cobrar ni a nivel estatal ni a través de entidades locales como condados o municipios.
Las grandes fortunas del país llevan años poniendo el ojo en Miami pero, recientemente, algo ha cambiado.







