Actualizado Viernes,

agosto

01:53A media tarde, en una gran estaci�n de carga r�pida a las afueras de Shangh�i, una docena de conductores esperan en silencio mientras sus coches el�ctricos recuperan autonom�a. En las gasolineras cercanas no hay tanto movimiento. A m�s de 6.000 kil�metros, el Estrecho de Ormuz lleva muchos meses convertido en el epicentro de una guerra que ha sacudido los mercados energ�ticos. Sobre el papel, China ten�a todos los n�meros para ser una de las grandes v�ctimas. Es el mayor importador mundial de crudo y buena parte de los barriles que alimentan su gigantesca maquinaria industrial llegan de Oriente Pr�ximo. Pero la superpotencia asi�tica ha terminado convirtiendo una de sus mayores vulnerabilidades en una inesperada ventaja.Un informe reciente de la consultora geopol�tica The Asia Group sostiene que China ha sido la "clara ganadora" de la crisis provocada por la guerra lanzada por Estados Unidos e Israel contra Ir�n y el posterior bloqueo de Ormuz.Cerca del 80% del petr�leo y casi el 90% del gas natural licuado que atravesaban el estrecho ten�an como destino Asia. Jap�n, Corea del Sur y otras econom�as de la regi�n se encontraron de repente expuestas a un brutal shock de suministro. China tambi�n. La diferencia es que llevaba dos d�cadas prepar�ndose precisamente para un escenario parecido.El resultado de esa preparaci�n se mide en dep�sitos, minas, paneles solares, reactores nucleares y millones de coches el�ctricos. China lleg� a la guerra con reservas suficientes para cubrir entre 90 y 110 d�as de importaciones de crudo. Solo en 2025 elev� sus compras de 11,1 a 11,6 millones de barriles diarios y m�s del 80% de ese incremento acab� almacenado. Al mismo tiempo, instal� 315 gigavatios de nueva capacidad solar, m�s de la mitad de toda la a�adida en el mundo. "China cape� el impacto inicial mejor que cualquier otro pa�s de la regi�n", concluye el informe de Asia Group.El gran escudo energ�tico chino sigue siendo el combustible m�s contaminante. M�s de la mitad de su consumo energ�tico procede todav�a del carb�n, que extrae masivamente dentro de sus fronteras. Pero sobre esa vieja base f�sil, Pek�n ha levantado a toda velocidad una nueva econom�a electrificada. E�lica, solar, hidroel�ctrica y nuclear ganan terreno, mientras la expansi�n del veh�culo el�ctrico va reduciendo poco a poco la exposici�n al petr�leo.Desde principios de siglo, los estrategas chinos hablan del "dilema de Malaca": la vulnerabilidad que supone depender de hidrocarburos que deben atravesar estrechos y rutas mar�timas dominadas por la Marina estadounidense. La invasi�n rusa de Ucrania y las sanciones occidentales contra Mosc� reforzaron despu�s la vieja obsesi�n de que, si alg�n d�a China se enfrentaba a una crisis internacional grave, Washington pod�a intentar estrangular sus suministros. La respuesta del Gobierno de Xi Jinping fue acumular reservas, elevar la producci�n dom�stica, electrificar el transporte y multiplicar las v�as de entrada de energ�a desde Rusia y Asia Central.La guerra de Ir�n ha servido como la primera gran prueba. Cuando desaparecieron millones de barriles del Golfo, China hizo justo lo contrario de lo que muchos operadores esperaban. Redujo sus importaciones mar�timas, recurri� a los inventarios, rebaj� la actividad de sus refiner�as y restringi� las exportaciones de gasolina, di�sel y combustible de aviaci�n para priorizar el mercado interno. A lo que se suma que ha seguido comprando el sancionado crudo ruso.El salvavidas chino de Ir�nAntes de la guerra, China adquir�a hasta el 90% de las exportaciones iran�es de petr�leo. Los vol�menes se han desplomado desde el inicio del conflicto, pero el comercio no ha desaparecido. El a�o pasado, los env�os iran�es a China rondaron los 1,4 millones de barriles diarios, seg�n la firma de seguimiento mar�timo Kpler.Pero ese crudo apenas aparece en las estad�sticas oficiales: desde que EEUU reimpuso las sanciones en 2019, las grandes petroleras estatales chinas se han mantenido al margen y son las refiner�as privadas, atra�das por los fuertes descuentos, las que absorben buena parte de los cargamentos.Para sortear las restricciones, el petr�leo iran� llega desde hace tiempo rebautizado como procedente de Malasia y de Indonesia. Las operaciones se pagan adem�s en yuanes y atraviesan una opaca cadena de intermediarios, navieras y comerciantes dif�cil de rastrear, un circuito pr�cticamente cerrado que permite a Teher�n seguir colocando su crudo en el mayor mercado energ�tico de Asia.Ah� es donde Washington quiere golpear ahora. Donald Trump est� trasladando parte de la presi�n desde el campo militar al financiero. Su secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunci� esta semana una ofensiva para cortar "cada salvavidas econ�mico" que mantenga a flote al r�gimen iran�. La advertencia alcanza directamente a China: cualquier entidad que ayude a transformar el petr�leo iran� en dinero puede quedar bajo sanciones estadounidenses y quienes faciliten el lavado de fondos se arriesgan a ser expulsados del sistema del d�lar.Trump, seg�n Bessent, est� llamando personalmente a dirigentes extranjeros para exigirles que reduzcan sus relaciones con Teher�n. Est� por ver si Washington, m�s all� de castigar a peque�as navieras o refiner�as chinas, se atreve a sancionar a grandes bancos del gigante asi�tico.La guerra tambi�n ha regalado a Pek�n otro dividendo. Cada pa�s que intenta reducir su exposici�n al petr�leo y al gas del Golfo termina entrando en un mercado industrial dominado por China. Las exportaciones chinas de veh�culos el�ctricos aumentaron m�s de un 110% interanual en mayo y los env�os de paneles solares crecieron un 60% el mes anterior. Cuanto mayor es la preocupaci�n por la seguridad energ�tica, mayor es la demanda de bater�as, coches el�ctricos, paneles y componentes que las f�bricas chinas producen a una escala dif�cil de igualar.