NoticiaAntonio Zoido, profesor de la Universidad Europea de Andalucía, advierte que estas bebidas no son necesariamente saludables si se endulzan en exceso.El experto Antonio Zoido señala que una bebida preparada en casa puede terminar aportando una cantidad similar de azúcar si se endulza demasiado. Foto: iStockPERIODISTA DE MEDIOAMBIENTE Y SALUD27.08.2026 18:33 Actualizado: 27.08.2026 18:33
Las aguas infusionadas, las limonadas caseras y las bebidas preparadas con frutas se han convertido en una de las alternativas más populares a los refrescos industriales como las gaseosas. Su apariencia natural y la asociación con estilos de vida saludables han hecho que estas preparaciones sean vistas como una opción más conveniente para hidratarse. Sin embargo, su supuesto carácter saludable puede depender de un elemento tan sencillo como la cantidad de azúcar que se les agregue.Antonio Zoido, profesor del Máster en Trastornos de la Conducta Alimentaria y Obesidad de la Universidad Europea de Andalucía, advierte que una limonada preparada en casa y suficientemente endulzada puede terminar aportando una cantidad de azúcar similar a la del refresco que busca reemplazar. LEA TAMBIÉN Una limonada casera puede tener tanto azúcar como un refresco. Foto:iStock.“Una limonada casera bien endulzada puede llevar tanto azúcar como el refresco que pretende sustituir”, señala el experto, quien pone como referencia el contenido de las bebidas industriales. Según explica, una lata de refresco de 330 mililitros ronda los 35 gramos de azúcar, equivalentes a unos siete terrones.Para Zoido, una de las ventajas de reemplazar este tipo de bebidas por agua con fruta, hierbas o cítricos está precisamente en eliminar esa carga de azúcares libres. “El mérito de estas bebidas no está en lo que aportan, sino en lo que dejan fuera”, afirma. Pero esa ventaja puede desaparecer cuando se incorpora una cantidad elevada de azúcar a la preparación.El profesor recuerda además la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), según la cual no se debería superar el 10 % de la energía diaria proveniente de azúcares libres y, de manera ideal, esa proporción debería mantenerse por debajo del 5 %.Lo natural no siempre significa saludableParte del atractivo de las aguas infusionadas y las bebidas con frutas está relacionado con la percepción de que los ingredientes naturales aportan beneficios nutricionales adicionales. Sin embargo, Zoido considera que esa idea puede estar sobredimensionada.“Las vitaminas o los polifenoles que ceden cuatro rodajas de fruta son casi anecdóticos”, explica. A su juicio, el principal beneficio de estas preparaciones está en que permiten consumir agua y, cuando no se les añade azúcar, evitar parte de los azúcares y colorantes presentes en otras bebidas. LEA TAMBIÉN Una bebida preparada en casa puede terminar aportando una cantidad similar de azúcar que una gaseosa Foto:iStockEl experto también cuestiona algunas de las promesas asociadas a estas preparaciones en redes sociales. La presentación de determinadas bebidas como productos “detox”, “alcalinizantes” o “quemagrasa”, dice, desdibuja la diferencia entre nutrición y marketing.“El cuerpo se depura solo, a través del hígado y el riñón, y no existe ninguna bebida que haga ese trabajo”, afirma.La advertencia se extiende a otros ingredientes que suelen percibirse como alternativas más saludables al azúcar convencional. Zoido señala que la miel, los siropes de agave o de arce y el azúcar de mesa son, desde el punto de vista metabólico, azúcares libres muy parecidos. La propia OMS, agrega, incluye la miel, los siropes y los zumos dentro de esa misma categoría.Por eso, la preparación de una bebida casera no garantiza por sí misma que sea saludable. La cantidad y el tipo de ingredientes utilizados siguen siendo determinantes.El riesgo de convertir la alimentación en una lista de prohibicionesEl debate, sin embargo, no se limita a cuántos gramos de azúcar contiene una bebida. Para el profesor, también es importante la manera en que una persona interpreta y utiliza estas alternativas dentro de su alimentación cotidiana.“Que una sustitución funcione a largo plazo no depende solo de su aritmética metabólica, sino de cómo se vive”, explica Zoido. En ese sentido, advierte sobre los efectos que puede tener adoptar una visión excesivamente rígida de la alimentación, en la que el azúcar se convierte en un enemigo y consumir un refresco es entendido como una falta moral. LEA TAMBIÉN Las calorías en las bebidas azucaradas pueden contribuir al aumento de peso. Foto:iStockSegún el experto, la restricción rígida se relaciona con desinhibición, episodios de ingesta descontrolada y culpa posterior, mientras que un control más flexible se asocia con mejores resultados sostenidos en el tiempo.Esta preocupación adquiere especial relevancia cuando el discurso alrededor de las bebidas consideradas “healthy” comienza a utilizarse para restringir la alimentación. Zoido advierte que estas recomendaciones pueden convertirse en un mecanismo socialmente aceptado para justificar prácticas como hidratarse para evitar comer, sustituir una comida por una infusión o establecer reglas cada vez más estrictas sobre qué alimentos son considerados “puros” y cuáles no.“Ese camino no lleva a la salud, lleva a una relación cada vez más tensa con la comida”, sostiene al referirse particularmente a las personas vulnerables.El papel de las redes socialesLas redes sociales también ocupan un lugar importante en esta discusión. De acuerdo con Zoido, los algoritmos favorecen los mensajes breves, llamativos y contundentes, mientras que la información nutricional rigurosa suele requerir explicaciones más amplias y matices.“Los algoritmos premian el mensaje corto, atractivo y rotundo, y la nutrición seria es justo lo contrario”, afirma. LEA TAMBIÉN Las redes sociales son claves en la percepción alrededor de las bebidas. Foto:Istock.comAnte esta situación, recomienda prestar atención a la fuente de la información antes que al mensaje y recurrir a profesionales especializados. Su recomendación es apoyarse en un dietista-nutricionista, quien puede adaptar la evidencia científica a las circunstancias concretas de cada persona sin caer en simplificaciones.El profesor también establece una diferencia entre consumir fruta entera y hacerlo en forma de zumo. La fruta entera conserva su fibra y su matriz, genera mayor saciedad y permite que el azúcar se libere de manera más gradual. Al exprimirla o licuarla, en cambio, ese azúcar se libera y se concentra.Agua, la opción principalEn medio de la proliferación de bebidas presentadas como alternativas saludables, Zoido insiste en que no es necesario convertir la hidratación en una práctica sofisticada.“La mejor bebida sigue siendo el agua”, señala. A su juicio, las aguas infusionadas, las limonadas y otras alternativas pueden ser herramientas útiles para beber más líquido y reducir el consumo de azúcar, pero no constituyen un requisito para llevar una alimentación saludable ni pueden considerarse un “superalimento líquido”.El agua siempre será la opción ideal. Foto:AguaLa clave, sostiene, está en el conjunto de los hábitos alimentarios y no en una bebida específica.Su recomendación final apunta precisamente a evitar los extremos: ni convertir determinados productos en enemigos absolutos ni atribuirles propiedades que no tienen. “Huyamos de los dos extremos: ni demonizar ni idealizar”, concluye. Ante las dudas sobre alimentación, aconseja consultar a un dietista-nutricionista colegiado en lugar de seguir las tendencias del momento.Una buena hidratación, resume el experto, no necesita ser sofisticada para ser saludable.EDWIN CAICEDOPeriodista de Medioambiente y Salud @CaicedoUcros Sigue toda la información de Salud en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.






