0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialLa agresión de varios antidisturbios a un chaval de 17 años que llevaba una estelada al Elche-Barça es vergonzosa. Una policía que permite eso y no toma medidas inmediatas (abrir una investigación que quede en el olvido no lo es) tiene un problema. La violencia empleada fue desproporcionada, con visos de ensañamiento de algún agente, con alguien que no supone absolutamente ninguna amenaza de seguridad. Cuando hay policías que no tienen clara su función en una sociedad democrática no cabe encubrir tales actitudes. Al contrario, por su bien y el de la comunidad a la que sirven.El hecho de que el objeto de la discordia sea una estelada provocó la indignación de la ANC y Òmnium, que pidieron al Barça un acto de resarcimiento, al que Joan Laporta accedió, de forma que el Camp Nou se recubriera de la enseña independentista como protesta. Cabe preguntarse, en caso de que se hubiera tratado de una bandera palestina, por ejemplo, si la policía habría reaccionado con esa virulencia y si las entidades catalanas y el club habrían llenado el estadio de ese símbolo. Lo relevante es denunciar un intolerable abuso policial, sea cual sea el motivo.La afición del FC Barcelona durante el partido de la primera jornada de LaLigaQuique García / EFEMientras, Laporta decidió que “el contexto” no era el apropiado para hacer un homenaje a los jugadores que ganaron el Mundial y lo ha anulado. No se sabe muy bien si es porque considera contradictorio aplaudir la estelada y la roja casi al mismo tiempo o bien prefería ahorrarnos una pitada a los campeones (acompañados o no de miembros de la federación española), como ocurrió en San Mamés, cuando una parte del estadio silbó a los jugadores. Pero es curioso que se defienda la libertad de expresión (la del joven agredido) mientras se pretende impedir la eventual pitada, sobre todo cuando el club la defendió en el pasado, por ejemplo, contra el himno español en presencia del Rey o contra la Champions. Cuando se toman decisiones extrañas, se incurre en ironías: los jugadores del Barça que han ganado el Mundial son aplaudidos por la grada del Elche, pero no en su campo porque igual hay algunos que disfrutan silbando. Seguro que hay soluciones para que los ocho blaugrana que lograron el trofeo puedan recibir el reconocimiento por su mérito: haber sido los mejores del mundo en lo suyo.Licenciada en Periodismo y Políticas. Directora adjunta de La Vanguardia. Autora de la newsletter 'Política', que se publica cada jueves, y de los libros 'El naufragio' y 'El muro', sobre el conflicto catalán