NoticiaEl experto considera que el país debe estabilizar sus finanzas públicas y apostarle a una economía más productiva.Dani Rodrik, profesor de Harvard, dijo que ‘los servicios locales son el futuro de la economía colombiana, en su intervención en la segunda jornada académica de la Convención Bancaria, en Cartagena. Foto: AsobancariaPERIODISTA ECONÓMICO27.08.2026 11:06 Actualizado: 27.08.2026 11:06

Colombia tiene por delante tres desafíos económicos que deberá atender en horizontes distintos: enfrentar las consecuencias inmediatas del terremoto del pasado 10 de agosto, poner sus finanzas públicas sobre una senda estable en el mediano plazo y, hacia adelante, encontrar la fórmula para elevar de manera sostenida la productividad y el crecimiento.Así lo planteó Dani Rodrik, profesor de la Universidad de Harvard y uno de los economistas más reconocidos por sus trabajos sobre desarrollo, globalización y crecimiento, quien, en su intervención en la 60.ª Convención Bancaria en Cartagena, aseguró que, pese a la compleja coyuntura que enfrenta el país, encuentra señales alentadoras en algunos sectores de la economía colombiana. LEA TAMBIÉN “Creo que hay diferentes prioridades en diferentes horizontes de tiempo. La prioridad inmediata son, obviamente, las consecuencias del terrible terremoto. El objetivo de mediano plazo es poner las finanzas públicas de manera estable, pero me enfoco en aumentar a largo plazo la productividad y el crecimiento”, señaló.Su diagnóstico apunta a un tema que por años ha sido uno de los principales cuellos de botella de la economía colombiana: la baja productividad.Rodrik considera que existe una oportunidad importante en actividades que han recibido menos atención dentro de las estrategias de desarrollo, pero que tienen un peso cada vez mayor en la generación de puestos de trabajo.“Los servicios locales son el futuro de la economía colombiana porque es ahí donde va a estar el empleo”, afirmó.El economista destacó la aparición de nuevos modelos de negocio y las innovaciones que se están produciendo en actividades como el comercio minorista, los servicios de alimentación y las plataformas, donde, según dijo, ya existen compañías que muestran que es posible avanzar en productividad.Para aprovechar ese potencial, considera necesaria una mayor interacción entre el sector público y el privado. “El Gobierno tiene que trabajar con las compañías para encontrar maneras de aumentar la productividad y el crecimiento”, sostuvo.El Gobierno tiene que trabajar con las compañías para aumentar la productividad y el crecimiento. Foto:Carlos Arturo GarcíaProductividad, el retoUna de las ventajas que Rodrik encuentra en esta transformación es que una parte de las mejoras de productividad no dependen solo de grandes inversiones en infraestructura o capital físico.Los nuevos modelos de negocio, explicó, pueden apoyarse en cambios organizacionales, innovación y en la utilización de tecnologías digitales que ya están disponibles. Esto permitiría que las mejoras puedan extenderse con mayor facilidad a más empresas y actividades.“Para el crecimiento, la productividad es todo”, dijo Rodrik, quien destacó que esos modelos “se basan en organización, innovación y el uso de las tecnologías digitales existentes” y no en grandes inversiones de capital físico.Esa característica, agregó, hace que las innovaciones sean más escalables y fáciles de adoptar.Rodrik mencionó experiencias observadas en países como India y también avances en sectores específicos de Brasil y Colombia, particularmente en el comercio minorista, como evidencia de que las ganancias de productividad pueden surgir de actividades distintas a la industria manufacturera tradicional. LEA TAMBIÉN A ese panorama se suma ahora la inteligencia artificial. Para el profesor de Harvard, esta tecnología podría acelerar y multiplicar las experiencias empresariales que ya están mostrando resultados.“Con la inteligencia artificial es posible multiplicar estos ejemplos. Así que, en general, estoy optimista si el Gobierno puede trabajar con las compañías en este campo”, afirmó.Inflación y expectativasRodrik también se refirió a otros de los problemas que siguen marcando la coyuntura colombiana, como la inflación y las finanzas públicas.En este frente hizo una distinción entre las políticas necesarias para impulsar el crecimiento y la productividad y aquellas dirigidas a estabilizar los precios. A su juicio, se trata de objetivos relacionados con el desempeño general de la economía, pero que no necesariamente requieren las mismas herramientas.“La inflación es más un fenómeno macroeconómico”, explicó. Según Rodrik, una transformación de la estructura productiva puede contribuir a mejorar las condiciones de la economía en el largo plazo, pero la prioridad en materia inflacionaria debe estar en evitar un desanclaje de las expectativas.“Creo que lo importante es asegurar que las expectativas sean gestionadas y que la gente no espere que suban mucho más”, señaló.En ese propósito también vinculó la situación fiscal del país. Considera que un plan de ajuste de las finanzas públicas a mediano plazo podría contribuir a reducir gradualmente tanto la inflación como sus expectativas.“Con un plan de ajuste fiscal de mediano término, creo que la inflación y las expectativas pueden ser bajadas lentamente”, sostuvo.Un ajuste fiscal en el mediano plazo puede contribuir a que la inflación comience a descender. Foto:EFENo obstante, insistió en separar los dos desafíos: estabilizar la economía y, simultáneamente, construir las condiciones para que Colombia pueda crecer más rápido en los próximos años.Sobre los cálculos que apuntan a que el terremoto podría restarle alrededor de un punto porcentual al crecimiento económico y la posibilidad de que luego se produzca un efecto de rebote asociado a la recuperación de las zonas afectadas, Rodrik evitó hacer una estimación. Explicó que no había revisado bien las cifras de Colombia como para ofrecer una respuesta precisa.Su visión de más largo plazo, sin embargo, fue más definida, toda vez que considera que Colombia tiene espacio para elevar su crecimiento si consigue llevar las mejoras de productividad hacia las actividades en las que estará buena parte del empleo, utilizando la innovación y las nuevas tecnologías como palanca y con una coordinación más estrecha entre empresas y Gobierno. 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