Más contenidoEl Caribe enfrenta inseguridad alimentaria, lo que exige transformar la región con soberanía, logística eficiente y corresponsabilidad estructural.Olímpica combate la inseguridad alimentaria mediante la donación masiva de alimentos con ABACO, la prevención de desnutrición infantil con UNICEF y la compra directa a pequeños agricultores. Foto: Foto: Olímpica.27.08.2026 10:23 Actualizado: 27.08.2026 10:23

La seguridad alimentaria en el Caribe no es solo una cuestión de disponibilidad de comida; es un complejo entramado donde se cruzan la geografía, la desigualdad territorial, la dependencia de importaciones y los efectos ineludibles del cambio climático.Si bien las cifras nacionales han mostrado un respiro al pasar de una prevalencia de inseguridad alimentaria moderada o grave del 25,5 por ciento en 2024 al 21,1 por ciento en 2025, según Sandra Henriquez Calderón, subdirectora del Banco de Alimentos Arquidiocesano de Barranquilla, varios departamentos continúan presentando niveles superiores al promedio nacional.La radiografía actual revela que, en el Atlántico, la prevalencia se situó en un 33 por ciento en 2025. Otro punto a destacar es el contraste entre lo urbano y lo rural: mientras en las cabeceras municipales la inseguridad alimentaria moderada o grave afecta a cerca del 31,8 por ciento de los hogares, en la ruralidad esta cifra se dispara hasta el 54,7 por ciento.Para Henríquez, la urgencia radica en entender que el hambre no tiene un único rostro.“Los bancos de alimentos vemos que la población vulnerable no está compuesta únicamente por personas en situación de pobreza extrema. También encontramos hogares cuyos ingresos son insuficientes para cubrir de manera estable una alimentación adecuada, familias numerosas, adultos mayores, población migrante, personas desempleadas o con empleos informales y hogares que enfrentan situaciones coyunturales que rápidamente deterioran su capacidad de compra”, explica la directiva.La inseguridad alimentaria ya no es solo una condición estructural crónica, sino una vulnerabilidad latente para cualquier hogar sin ahorros o redes de apoyo.El reto logísticoUno de los mayores obstáculos para garantizar que el alimento llegue a quien lo necesita es la compleja geografía del Caribe. “La logística alimentaria no puede pensarse únicamente como recoger y entregar”, subraya Henríquez.La dispersión rural, las vías en deterioro y la dependencia de las condiciones climáticas exigen una cadena integral.A esto se suma la paradoja del desperdicio. Según la experta, el Departamento Nacional de Planeación (DNP) ha identificado históricamente que el Caribe concentra una parte significativa de las pérdidas de alimentos del país.Aquí aparece una línea de acción clara: la economía circular. No se trata solo de donaciones, sino de recuperar productos que, por estética o sobreoferta, quedan fuera del mercado comercial, convirtiéndolos en soluciones nutricionales.El papel de la soberanía agrícolaSi la distribución es una cara de la moneda, la producción es la otra. Sergio Mejía Kerguelén, director regional de Agrosavia (Centro de Investigación Turipaná), lanza una advertencia sobre la soberanía alimentaria regional: la dependencia de granos externos es insostenible. En 2025, Colombia importó más de 13 millones de toneladas de granos, gran parte de ellos consumidos en el Caribe.Según Mejía, la región ha intentado competir con zonas templadas sembrando maíz y arroz, cultivos que en el Caribe rinden menos debido a las horas de luz y las condiciones tropicales. La línea de acción para Agrosavia es clara: “Debemos priorizar cultivos de ciclos largos, que se salgan de la ventana de producción, de las zonas templadas, como yuca, ñame, plátano, marañón, coco, cacao, mango, limón, y aguacate”.La estrategia para alcanzar la productividad no requiere de inversiones astronómicas, sino de tecnologías de bajos recursos y de fácil adopción.Prácticas como la conservación de forrajes para épocas de sequía, la protección del suelo con residuos de cosecha y la fabricación de bioinsumos en la misma finca, son vitales para que el campesino deje de depender de insumos externos costosos.El Caribe debe cambiar maíz y arroz por cultivos tropicales como yuca, ñame, plátano y cacao. Foto:Agrosavia.El imperativo de la infanciaLa expresión más cruel de la inseguridad alimentaria es la desnutrición infantil. José Manuel Carbonell, presidente de Olímpica, sostiene que la desigualdad territorial sigue siendo el motor de esta crisis.El Modelo Comunitario de Salud y Nutrición implementado por Olímpica junto a UNICEF en La Guajira, Chocó y Guainía es un testimonio de lo que significa una intervención real: en 2025 se tamizaron más de 15.000 menores, identificando más de 1.000 casos con riesgos nutricionales.Para Carbonell, el camino para solucionar esto no es la entrega puntual, sino la presencia sostenida en el territorio.Además explica que, al igual que en la logística de los bancos de alimentos, la solución en salud requiere dejar capacidad instalada.Esto significa que, tras años de acompañamiento, el sistema local, como las secretarías de salud, EPS e IPS, debe tener las herramientas necesarias para monitorear, prevenir y tratar la desnutrición de manera autónoma.La clave, según la Fundación, es el seguimiento integral: de los niños identificados en riesgo, ya se han logrado casos exitosos de recuperación gracias a prácticas como la lactancia materna adecuada y hábitos de higiene enseñados a las familias.“De los 992 niños identificados en riesgo de desnutrición en 2025, 160 alcanzaron un estado nutricional adecuado y 135 registraron ganancia de peso. Estos resultados hacen parte del seguimiento integral que realiza la Fundación y reflejan la importancia de un acompañamiento continuo, más allá de la entrega puntual de un alimento o un mensaje aislado”, dice Carbonell.Hacia una política integralEl diagnóstico está hecho: la región enfrenta vulnerabilidades, pero posee el conocimiento y los actores necesarios para revertir la tendencia. Algunas líneas de acción prioritarias, según los expertos, son:- Articulación Público-Privada-Social: la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) debe evolucionar de la donación ocasional a un compromiso estructural. Esto implica empresas que donen excedentes, financien el fortalecimiento comunitario y apoyen procesos de transformación productiva que integren al campesinado en la cadena de valor.- Extensión rural masiva: garantizar la presencia de profesionales en el campo. El productor debe ser visto como un actor estratégico, capaz de adoptar tecnologías de bajo costo y fabricar sus propios bioinsumos para reducir la dependencia externa.- Resiliencia climática: ante fenómenos como sequías o inundaciones recurrentes, la respuesta humanitaria debe estar conectada con la prevención. Diversificar fuentes de abastecimiento, construir canales de drenaje comunitarios y fomentar el uso de semillas criollas y nativas, son acciones que pueden escalar a nivel de política pública. Sigue toda la información de Más Contenido en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.