Lo que está en juego es considerable. China ha triplicado con creces su capacidad operativa anual desde finales de 2024 y ahora cuenta con casi 250.000 toneladas, más del doble que el resto del mundo en conjunto, según BloombergNEF. El último plan quinquenal de Pekín prevé un aumento de ocho veces hasta alcanzar los 2 millones de toneladas anuales para finales de la década.

China está superando a sus rivales, que han visto paralizados importantes proyectos debido al aumento desmesurado de los costes y a la escasa demanda. Su éxito depende de dos ventajas clave sobre países como India y Europa: una enorme base industrial que está demostrando ser difícil de descarbonizar y un excedente de energía limpia que necesita encontrar un destino.

“China está apostando estratégicamente por el hidrógeno renovable como vía para llevar electricidad limpia a los sectores a los que la electrificación tiene dificultades para llegar”, afirmó Muyi Yang, analista del centro de estudios energéticos Ember, con sede en Sídney.

A dos horas al norte de Pekín en tren bala, Chifeng, en Mongolia Interior, se sitúa entre el pasado y el futuro de China. Con casi cuatro millones de habitantes, la ciudad está salpicada de chimeneas industriales. En las afueras, un kilómetro cuadrado se ha destinado a un proyecto que promete limpiar una economía local basada en la minería y alimentada por el carbón.