Mujeres vestidas de viudas con una cinta cruzada en el pecho que, en vez de “Bride” (por novia, en inglés), dice “Divorced” desfilan frente a la cámara o hacen una coreografía en la que soplan la vela de un pastel negro, rodeadas de decoración “de funeral”. Algunas dan un paso más allá. Una prende fuego su certificado de matrimonio. Otra quema su vestido de novia con un lanzallamas. Y otra cuelga en un bar un cartel con las diez peores cosas que hizo su exmarido, y graba las reacciones de los desconocidos que las leen.El hashtag #divorceparty reúne en redes sociales un sinfín de vídeos de mujeres que festejan a lo grande el final de su matrimonio. De acuerdo a los datos que refleja Google Trends, el término de búsqueda “divorce party” ha crecido a nivel global de forma pronunciada desde el año pasado, alcanzando un máximo histórico en mayo de este año.Nuestro objetivo es ofrecer este tipo de celebración a cualquier persona que quiera festejar un nuevo comienzo y una nueva oportunidad en su vidaSimone (38) y Melissa (31)Tenerife Luxury EventsAl igual que otras celebraciones nacidas en Estados Unidos, como el baby shower o el gender reveal party, las divorce parties parecen especialmente diseñadas para generar contenido, grabar clips cortos y compartirlo con otros. Con globos, disfraces y decoración temática, hay toda una puesta en escena.“La idea detrás de las divorce parties es celebrar la etapa que viene. Nuestro objetivo es ofrecer este tipo de celebración a cualquier persona que quiera festejar un nuevo comienzo y una nueva oportunidad en su vida”, explican Simone (38) y Melissa (31), de Tenerife Luxury Events. Hace tan solo un mes, incorporaron las fiestas de divorcio a su catálogo y ya han recibido consultas, sobre todo de personas de entre 40 y 55 años. Algunas de ellas -explican- prefieren esperar a que salga la sentencia: “Es también una manera de celebrar el fin de todo el proceso burocrático legal”.Lee tambiénSe trata de una tendencia que surgió en Estados Unidos y que actualmente está ganando fuerza en el Reino Unido -indican-, “un mercado que suele adoptar con rapidez nuevas tendencias sociales y de celebración, y que cuenta con una importante presencia en Tenerife”.Solo el año pasado, hubo en España 86.595 divorcios que, tomando en cuenta también las nulidades y separaciones, representaron 1,7 por cada 1.000 habitantes, según datos del INE, a partir de los cuales también se observa que la mayoría fueron no contenciosos (el 80,5%) y de personas de mediana edad. La edad media de las mujeres en los procedimientos de divorcio fue de 46,6 años, mientras que en los hombres de 49,1 años.Pueden ser un potente contradiscurso frente a los mandatos morales que durante mucho tiempo han rodeado al matrimonio y al divorcioAdrián MontesanoTerapeuta familiar y de parejaMás allá del trend viral, ¿está cambiando la forma en la que se viven estas rupturas? Marta (este no es su nombre real), por ejemplo, convirtió su separación en un ritual mucho más discreto. Aunque no sale de fiesta, es un día que cada año celebra de alguna manera. “Es algo simbólico, como si fuera un aniversario”, cuenta.¿Tiene sentido celebrar una separación? ¿Puede ser algo saludable? “Todo depende de si nace del propio proceso de duelo o de la necesidad de proyectar una imagen hacia los demás”, dice Adrián Montesano, profesor y director del Máster en Psicología General Sanitaria de la UOC. El problema no es celebrar, observa, sino sentir que existe la obligación de hacerlo. Esa presión por demostrar que uno ya está bien puede terminar imponiendo un nuevo mandato sobre quienes atraviesan una ruptura.“Si responde a una necesidad real de cerrar una etapa, perfecto. Pero si sirve para esquivar emociones que todavía no se han elaborado, puede convertirse en una forma de evitarlas. Es el empaquetado que le das, más que la fiesta en sí, lo que marca la diferencia”, resume el psicólogo.Para Montesano, este tipo de celebraciones pueden tener una función social valiosa. “Pueden ejercer un potente contradiscurso frente a los mandatos morales que durante mucho tiempo han rodeado al matrimonio y al divorcio”, indica. Durante décadas, recuerda, una separación era “algo que había que esconder, algo vergonzoso o deshonroso para una familia”. Hoy, en cambio, la sociedad española la entiende cada vez más como “una fase más del ciclo vital, que puede darse o no, al igual que tener hijos”.Ese cambio cultural, explica, también está respaldado por la investigación. Permanecer durante años en una relación marcada por el conflicto tiene consecuencias bien documentadas para la salud mental y física, y aumenta el riesgo de trastornos psicológicos, abuso de sustancias y problemas cardiovasculares, entre otros. Al mismo tiempo, quienes permanecen en esas relaciones renuncian a los beneficios que sí aportan los vínculos satisfactorios, desde un mayor bienestar hasta un efecto protector frente al estrés e incluso una mayor longevidad.Sin embargo, aunque el divorcio esté mucho más normalizado a nivel social, el experto insiste en que “una ruptura sigue siendo un proceso de duelo” y apunta: “No solo estás afrontando la separación de otra persona, sino la disolución de lo que tú eras dentro de esa relación. Muere también una parte de ti muy significativa y eso obliga a reconstruirse”.En España es más habitual algo mucho más íntimo y no tan espectacular, como una cena o una copa de vino con amigas (...) Para mí fue un acto de renacerElena CrespoAbogada de familia, autora del libro 'Del divorcio se sale'Elena Crespo, autora del libro y del podcast 'Del divorcio se sale'cedidaEsto hace que una fiesta pueda tener un sentido psicológico. “Es una forma fantástica de marcar esa transición de un estado identitario a otro”, explica. Mientras que una graduación o una jubilación funcionan como rituales que simbolizan el paso de una etapa a la siguiente, el divorcio era uno de los pocos grandes cambios vitales que carecía de un rito propio.Elena Crespo, abogada de familia, autora del libro Del divorcio se sale y de un podcast que lleva el mismo nombre, explica que, en su consulta, intenta que sus clientes entiendan el divorcio “no solo como un proceso legal, sino también como un proceso transformador”. Ella misma, cuando recibió la sentencia de su divorcio en 2021, no organizó una gran celebración pero salió a cenar con una amiga y se compró un collar de perlas. “Fue mi forma de empezar una nueva etapa”, recuerda.La abogada no cree que en España exista todavía una cultura de las grandes divorce parties que se muestran en redes sociales. “Aquí lo habitual es algo mucho más íntimo y no tan espectacular, como una cena o una copa de vino con amigas”, opina. Ella considera positivo cualquier gesto que ayude a resignificar la ruptura. “Aunque socialmente el divorcio siga viviéndose como uno de los acontecimientos más estresantes de la vida, no es un fracaso”, insiste.“Para mí fue un acto de renacer”, confiesa Crespo. Su separación incluso la llevó a rehacer su vida profesional: creó su propio despacho, escribió un libro y hoy imparte conferencias sobre divorcio. Justamente por eso, defiende cualquier ritual, “desde una gran fiesta con DJ hasta una cena en casa con una tarta, que sirva como anclaje para tener una visión más positiva de una etapa que inevitablemente empieza con dolor”.
El divorcio como celebración: cuando la ruptura se convierte en una fiesta
El hashtag #divorceparty es tendencia en redes y en España ya hay empresas que ofrecen este servicio: los psicólogos opinan que puede ser un ritual de transición saludable, siempre que no sirva para esquivar el duelo






