En la actualidad, esa promesa se ve amenazada. En mi trabajo a lo largo de las últimas dos décadas con los colaboradores de Opportunity Insights, mi laboratorio en la Universidad de Harvard, hemos descubierto que las oportunidades económicas han disminuido notablemente en EE.UU. con el paso del tiempo. Para muchos niños, la probabilidad de ganar más que sus padres es menor hoy que hace cincuenta años. A los 30 años, un 90% de los niños nacidos en la década de 1940 ganaban más que sus padres, pero menos de la mitad de los nacidos en la década de 1980 lograron lo mismo. Ese descenso resulta especialmente llamativo teniendo en cuenta el crecimiento económico experimentado por EE.UU. durante el último medio siglo. Una sociedad que en su día se concebía como una escalera de movilidad ascendente se asemeja cada vez más a un conjunto de peldaños entre los que es difícil moverse. Esa falta de movilidad ha alimentado una frustración generalizada en todo el país, lo que ha contribuido a las tensiones sociales y a un creciente apoyo a candidatos populistas que buscan generar un cambio. ¿Qué podemos hacer exactamente para cambiar el panorama de oportunidades?La importancia del lugar: la geografía de las oportunidadesRelacionando millones de registros administrativos de varias generaciones (declaraciones de impuestos, datos del censo y expedientes educativos), hoy podemos estudiar la ciencia de las oportunidades económicas con una precisión sin precedentes.Una primera y sencilla observación es que las oportunidades varían muchísimo a lo largo y ancho de EE.UU. Los niños de familias con ingresos bajos que crecen en determinados lugares (como algunas zonas del Alto Medio Oeste) tienen muchas más posibilidades de alcanzar la clase media que los niños con ingresos familiares similares criados en otros lugares; por ejemplo, en ciudades del Sudeste como Atlanta y Charlotte.La cuestión educativa centra varias polémicas entre el presidente Trump y varias universidades de élite de EE.UU. desde el inicio de su segundo mandatoNicholas Pfosi / ReutersLos datos también nos permiten profundizar y poner de manifiesto la importancia hiperlocal del lugar a la hora de determinar el futuro de los niños. La variación en las oportunidades no es solo un fenómeno nacional o regional; sino que se manifiesta barrio por barrio dentro de las ciudades de todo el país. Crecer a apenas unos kilómetros de distancia puede dar lugar a ingresos muy diferentes en la adultez. En algunos casos, los niños de hogares similares criados en edificios de apartamentos situados uno frente al otro experimentan diferencias en la movilidad económica comparables a las que hay, en promedio, entre crecer en Misisipi y crecer en Iowa (estados separados por 1.200 km). El sueño estadounidense no ha desaparecido, pero nuestro trabajo muestra que el acceso al mismo es muy desigual según el lugar.La ciencia de las oportunidades económicasLa marcada variación en las oportunidades entre barrios nos ha proporcionado una nueva lente (un microscopio) para estudiar la ciencia de las oportunidades económicas. En miles de barrios aparece un conjunto coherente de patrones que ayuda a explicar por qué los niños tienen éxito en algunos lugares y no en otros.En primer lugar, la segregación residencial se perfila como una poderosa barrera para la movilidad. A los niños criados en barrios con altas concentraciones de pobreza, desempleo, violencia y aislamiento social les va peor en la edad adulta. Esos patrones no son solo correlacionales. Cuando las familias se mudan, los efectos son evidentes en los resultados de sus hijos: quienes se trasladan a edades más tempranas desde barrios con altos índices de pobreza hasta entornos más favorables obtienen ingresos significativamente más elevados y gozan de mejor salud en el futuro.En segundo lugar, el capital social es importante. En los lugares donde los niños suelen obtener mejores resultados, las personas con ingresos bajos suelen tener más amigos con ingresos elevados. Utilizando datos sobre las amistades en Facebook, observamos que la interacción entre clases sociales es el indicador más sólido de la movilidad económica ascendente. Esas conexiones determinan el acceso a figuras de referencia, información, redes y apoyo informal en modos a menudo inaccesibles mediante intervenciones puramente económicas.En tercer lugar, la educación desempeña un papel crucial, tanto en nivel primario como en el superior. Los barrios con alta movilidad suelen contar con escuelas que ofrecen una sólida enseñanza en los primeros cursos, menores tasas de expulsión y un fuerte apoyo de la comunidad circundante. También suelen facilitar el acceso a universidades que sirven de trampolín hacia el mercado laboral y ofrecen vías hacia carreras y empleos bien remunerados incluso a los niños de familias con ingresos bajos.Políticas para crear oportunidadesEsta comprensión más profunda de la ciencia de las oportunidades económicas apunta a intervenciones concretas que pueden ampliar las oportunidades en EE.UU. y otros lugares. Han surgido políticas prometedoras en cada uno de los tres ámbitos identificados: la ayuda a las familias para trasladarse a barrios con mayores oportunidades, la revitalización de barrios con pocas oportunidades para generar capital social y la ampliación del acceso a una educación de alta calidad.En primer lugar, los bonos de vivienda y otras ayudas al alquiler pueden ayudar a las familias de ingresos bajos a llegar a barrios con abundantes oportunidades, pero la ayuda económica rara vez es suficiente por sí sola. Las familias se enfrentan a mercados inmobiliarios restrictivos, los procesos de selección de los propietarios, una información limitada y la incertidumbre sobre zonas desconocidas. Los programas que combinan los bonos con el asesoramiento, ayudan a las familias a identificar barrios con múltiples oportunidades, les prestan asistencia en la búsqueda de vivienda y simplifican los procesos administrativos, y amplían sustancialmente el conjunto de lugares a los que las familias pueden llegar en la práctica. Ampliar la movilidad residencial requiere prestar atención a las fricciones sociales e informativas que limitan las opciones de las familias, no solo a las fricciones económicas.En segundo lugar, las inversiones localizadas que revitalizan barrios en dificultades también pueden ampliar las oportunidades, pero solo bajo ciertas condiciones. En un estudio reciente, mis coautores y yo examinamos HOPE VI, una iniciativa federal con un presupuesto de varios miles de millones de dólares que demolió complejos de viviendas públicas muy deterioradas y los sustituyó por urbanizaciones de ingresos mixtos. Al hacer un seguimiento de los resultados a largo plazo de los niños afectados por esas remodelaciones, observamos efectos muy diferentes entre los distintos emplazamientos. Allí donde la remodelación acercó a las familias a barrios con mayores oportunidades y fomentó la interacción entre grupos de diferentes ingresos, los niños llegaron a ganar mucho más de adultos. Allí donde la remodelación tuvo lugar en zonas que permanecieron aisladas económica y socialmente, los efectos fueron más limitados. Lo que importaba no era la calidad de las nuevas viviendas en sí, sino el cambio en el entorno del barrio y las conexiones sociales que lo acompañaban.La competencia que supone el nivel de la educación en China, en la imagen, y otros países asiáticos, también tiene su influencia en EE.UU. Ren Yong/Sopa Images Via Zuma Pr / Dpa / Europa PressEn tercer lugar, la educación es una poderosa palanca para ampliar las oportunidades en todas las etapas de la infancia. Las escuelas infantiles y los colegios de alta calidad conducen a mayores ingresos y menores tasas de encarcelamiento en la edad adulta. Contar con un buen profesor de infantil o estar en una clase más pequeña durante la primera infancia se traduce en mejoras cuantificables en los resultados obtenidos décadas más tarde. Dichas mejoras son especialmente notables en el caso de los niños de entornos desfavorecidos, y los beneficios a largo plazo superan con creces los costes iniciales.Por su lado, las universidades difieren muchísimo en su capacidad para generar movilidad ascendente entre los estudiantes de familias con ingresos bajos, incluso entre aquellos con antecedentes académicos similares. Las instituciones muy selectivas suelen producir excelentes resultados a largo plazo, pero matriculan a relativamente pocos estudiantes de entornos desfavorecidos, en parte porque las prácticas de admisión favorecen de modo implícito a los estudiantes de familias con mayores ingresos. Muchas universidades de amplia accesibilidad matriculan a un gran número de estudiantes de ingresos bajos, pero ofrecen tasas de finalización y rendimientos en el mercado laboral más bajos. Los resultados en dichas instituciones podrían mejorarse mediante la introducción de programas de formación laboral que combinen habilidades técnicas con conexiones directas con los empleadores, creando de ese modo vías de oportunidad para los estudiantes y para quienes ya forman parte de la población activa. Las intervenciones que simplifican las solicitudes de ayuda económica y ofrecen asesoramiento específico también han demostrado tener efectos prometedores.Más allá de la economíaEstos ejemplos de intervenciones políticas con éxito comparten un denominador común. Los programas más eficaces combinan el capital económico o humano con el capital social, ya sea emparejando inversiones tradicionales con apoyos personalizados que ayudan a las familias a moverse por sistemas complejos, o creando directamente entornos que fomentan la conexión más allá de las barreras socioeconómicas. Mejorar las oportunidades no consiste solo en gastar más dinero; se trata de diseñar políticas que ayuden a las personas a conectarse con las oportunidades. Además, muchas de esas inversiones se amortizan por sí mismas: los ingresos fiscales adicionales generados por mayores ingresos futuros compensan con creces los costes iniciales pagados por los contribuyentes.Los argumentos económicos en favor de la ampliación de las oportunidades van mucho más allá de esos beneficios fiscales. En un estudio sobre las vías hacia la invención en EE.UU., mis colegas y yo descubrimos que los niños de familias con ingresos elevados tienen unas diez veces más probabilidades de convertirse en inventores que los niños de familias con ingresos bajos. La diferencia no radica en la capacidad, sino en la exposición: los niños que crecen rodeados de inventores (padres, vecinos y mentores) son mucho más propensos a dedicarse ellos mismos a la innovación. Si las mujeres, las minorías y los niños de familias con ingresos bajos inventaran al mismo ritmo que los hombres de altos ingresos con una capacidad inicial similar, la tasa de innovación en EE.UU. se cuadruplicaría. Y las innovaciones se traducirían en nuevos medicamentos capaces de salvar vidas, nuevas tecnologías y nuevas empresas que nos beneficiarían a todos. Esos Einsteins perdidos (niños con talento cuyo potencial no se materializa) demuestran que las políticas que amplían las oportunidades son, en definitiva, políticas de productividad y crecimiento.Los 'Einsteins perdidos', niños con talento cuyo potencial no se materializa, demuestran que las políticas que amplían las oportunidades son políticas de productividad y crecimiento Arthur Sasse / EFELa ciudad de Charlotte ilustra que un cambio de políticas en esta línea no es una simple aspiración, sino que es posible de verdad. En un estudio del 2014, Charlotte ocupaba el último lugar entre las 50 ciudades más grandes de EE.UU. en cuanto a las posibilidades de los niños de salir de la pobreza. Cuando se publicaron esos resultados, la ciudad respondió reuniendo a dirigentes empresariales, organizaciones sin ánimo de lucro y autoridades públicas para formar una comisión encargada de crear oportunidades. La comisión impulsó nuevas inversiones en programas para la infancia, junto con cambios en las políticas locales y las prácticas de contratación, lo que en conjunto ha contribuido a un notable cambio de rumbo. Charlotte se encuentra ahora entre las ciudades estadounidenses donde la movilidad económica mejora con mayor rapidez, lo que demuestra que el panorama de oportunidades puede cambiar.El cambio tecnológico y el futuro de las oportunidadesLos nuevos avances tecnológicos hacen que este momento sea especialmente trascendental. La inteligencia artificial podría amplificar muchas de las tendencias descritas más arriba y erosionar aún más las oportunidades para muchos estadounidenses. Sin embargo, esas herramientas también pueden ampliar de forma espectacular nuestra capacidad para aprender lo que funciona y crear políticas más eficaces. La cuestión central no es si la tecnología remodelará las oportunidades, sino si podemos utilizarla para ampliar el acceso a entornos en los que los niños puedan prosperar.Las mejoras en la disponibilidad de los datos y los métodos de aprendizaje automático permiten hoy evaluar políticas y programas casi en tiempo real, con un rigor comparable al de los ensayos controlados aleatorios y a un coste mucho menor. En lugar de esperar décadas para evaluar los impactos a largo plazo, ahora podemos hacer un seguimiento del modo en que las intervenciones afectan, a medida que se van desplegando, a resultados como los ingresos, la educación y la salud. Hemos desarrollado técnicas como la creación de “gemelos digitales” para los participantes en programas a partir de datos a gran escala, lo que permite identificar más deprisa enfoques eficaces, ampliarlos con mayor confianza y abandonar los esfuerzos que no dan resultados. Esos nuevos enfoques permiten a los responsables políticos y a los inversores dirigir los recursos hacia los programas que ofrecen mayores perspectivas.Tales avances son un motivo para el optimismo. Los mismos datos que documentan el declive de la movilidad ascendente también ofrecen una perspectiva inédita sobre dónde faltan oportunidades y qué podemos hacer en dichos entornos para crearlas. Esa claridad cambia lo que es posible. Nos permite identificar políticas eficaces y diseñar intervenciones basadas en las pruebas, en lugar de en la ideología. Podemos medir cada vez mejor lo que funciona y dirigir las intervenciones hacia los lugares y las personas que más apoyo necesitan.El sueño estadounidense nunca consistió en garantizar resultados. Se trataba de asegurar que los niños tuvieran oportunidades reales de triunfar, al margen de su punto de partida. Renovar esa promesa requerirá una inversión sostenida guiada por los datos, el aprendizaje a partir de los resultados y el compromiso de ampliar lo que funciona. Con las herramientas hoy a nuestro alcance, no solo tenemos la capacidad de comprender dónde y por qué se han erosionado las oportunidades, sino también de reconstruirlas. Reconstruir las oportunidades de este modo no es solo una política económica sensata; también ayudaría a sanar las divisiones sociales y políticas a las que se enfrenta hoy la sociedad, en definitiva, a promover la visión de los fundadores de un país en el que todos pueden progresar gracias a sus propios esfuerzos, una visión que aún puede unirnos 250 años después de la fundación de EE.UU.Raj Chetty es titular de la cátedra William A. Ackman de Economía en la Universidad de Harvard y director de Opportunity InsightsCómo leer VANGUARDIA DOSSIERVERSIÓN IMPRESA• Compra de ejemplar. 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