0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialNepal se ha despertado con multitud de pueblos semienterrados bajo el lodo y una lista de desaparecidos que todavía crece, tras la estremecedora riada del miércoles por la mañana. Aunque la cifra oficial de fallecidos está en 160, hay por lo menos 844 personas con las que está siendo imposible contactar, por lo que se teme que el balance final supere el millar de muertos. Entre ellos, un número desproporcionado de peregrinos y turistas -468- trabajadores de centrales hidroeléctricas y fuerzas de seguridad, al tratarse de la frontera. Mientras tanto, en China, el gobierno reconoce ya -en la prefectura tibetana de Shigatse- 558 desaparecidos, 3 fallecidos y solo dos rescatados, con la posibilidad de que muchos cuerpos emerjan río abajo, en Nepal. En la república del Himalaya, solo cuando empiecen a restablecerse las comunicaciones viarias y telefónicas con las áreas más afectadas será posible medir la magnitud de la tragedia. Solo superada, en las últimas décadas, por el terremoto de 2015. Algunos de los 111 rescatistas movilizados anoche en el puerto de montaña de Gyirong, en la región autónoma de Tíbet, China. Tenzing Nima Qadhup / Ap-LaPresseComo entonces, muchos supervivientes, seguramente miles, han perdido su techo. La violencia de la corriente -un auténtico muro de agua de más de diez metros de altura- no solo arrastró a cientos de personas a su paso por la angosta cuenca del Trishula, sino que tumbó edificios de varias plantas como si fueran fichas de dómino y se llevó por delante una veintena de puentes. La riada se originó en Tíbet -justo al otro lado de la frontera china- aunque todavía no hay consenso sobre su causa y el gobierno chino ni siquiera ha aventurado una hipótesis. El ministro de Exteriores nepalí dijo ayer que un temblor al otro lado de la frontera provocó un alud de rocas y hielo que bloqueó el Lhende, un afluente de lo que en nepalí llaman el Río Tibetano. Algunos científicos argumentan que, según las imágenes de satélite, podría tratarse del desprendimiento del extremo de un glaciar, favorecido por el deshielo y agravado luego por el alto nivel de las aguas al final de la temporada de lluvias.El caso es que la crecida del nivel terminó desbordándose en tromba por el desfiladero, con una fuerza y velocidad vertiginosas. Ni siquiera la imponente aduana china de Gyrong, frente a la que hacían cola grupos de peregrinos hindúes y jainistas, se salvó de ser engullida por el tremendo embate de las aguas. El barro que todo lo cubre en Trishuli, Nuwakot, Nepal, este jueves Navesh Chitrakar / ReutersA la tragedia humana debe sumarse el impacto económico, en uno de los países más pobres de Asia. Varias centrales hidroeléctricas -incluida una en fase muy avanzada de construcción- y por lo menos una solar han quedado devastadas, como varios tramos de carreteras. Prácticamente en el epicentro del desastre está el principal puesto fronterizo sino-nepalí, entre Gyirong y Rasuwagadhi, tres o cuatro horas al norte de Katmandú. De ahí que docenas de víctimas sean aduaneros o camioneros, además de turistas. La temporada alta de las peregrinaciones hindúes, que coincide con la temporada baja del montañismo -por las lluvias- ha determinado el perfil de muchas de las víctimas. Entre ellas, muchos devotos de India o indios emigrados a Norteamérica, acarreados por agencias de viaje. Jordi Joan Baños (Sabadell, 1971) es corresponsal de La Vanguardia en Bangkok. Previamente ha sido corresponsal del diario en Lisboa, Nueva Delhi y Estambul.
Nepal teme que haya más de un millar de ahogados bajo el lodo
A los 160 muertos y 844 desaparecidos se añaden miles de personas sin techo tras la riada fatal del miércoles










