OpiniónJavier Marías ya no está, pero sí su lengua que gracias a él es mucho mejor.26.08.2026 22:01 Actualizado: 26.08.2026 22:01 Creo que ya había contado aquí que el escritor español Javier Marías, de cuya muerte se cumplirán muy pronto cuatro años, tenía la costumbre de salvar palabras que estaban condenadas al patíbulo, una lenta y dolorosa defunción porque ya nadie las usa más, entonces él se encargaba de hacer una lista de viejos vocablos que merecen una segunda oportunidad sobre la Tierra, y los deslizaba en sus artículos de prensa.Siempre que pienso en ese rito sacrificial de Marías me lo imagino como en una de las escenas finales de La lista de Schindler, cuando el protagonista de la película se lamenta, viendo los objetos de su oficina, creo, solo la vi una vez y fue hace tiempo, se lamenta de todas las vidas que habría podido salvar con ellos: un cenicero de plata, un encendedor, una pluma, una estantería de madera, cosas que habría podido canjear por gente en medio del horror.La comparación es excesiva, por supuesto, porque en el caso de Oskar Schindler era la humanidad lo que estaba en juego, mientras que en el caso de Marías eran solo las palabras, aunque ahora que lo escribo así me doy cuenta de la falacia que encierra la frase, porque qué puede haber más humano que el lenguaje, qué evoca y preserva más a la humanidad que sus palabras, las que la nombran y le dan sentido.En cualquier caso, lo de Javier Marías era más bien un juego y un divertimento, no por noble menos ligero, que se le ocurrió desde cuando lo eligieron miembro de la Real Academia Española, entonces pidió asiento en la comisión que todos los años decide qué palabras entran al diccionario, una consagración determinada por el uso y la novedad, y sobre todo qué palabras salen de él, una degradación determinada por el abandono y el olvido.Hacía su lista, dudaba, sufría, escogía, y al final hacía un artículo de prensa en el que salían esos vocablos a los que así les salvaba la vida.Las lenguas son torrentes vivos e inabarcables, un caudal cuyo cauce es el que le den sus hablantes todos los días, a través de los siglos, con las mismas palabras con las que compran el pan y le rezan a Dios o encuentran y celebran el amor, la belleza, la desolación, la tristeza. Pero no son las mismas palabras, no, porque las lenguas también cambian con la historia, la construyen, la van tejiendo y destejiendo como Penélope con su tela mientras espera a Odiseo.Por eso, al menos en el ámbito de la lengua castellana, “mi lengua española”, como dicen que dijo el emperador Carlos V ante el papa Paulo III, la labor de la Real Academia y las academias de todos los países hispanohablantes, con la de Colombia a la cabeza, que es la más antigua de América, la labor es tan difícil y tan ingrata a la hora de escoger qué palabras viven y cuáles no, dónde está la puerta giratoria entre el diccionario y el cementerio.Marías sabía que no las podía salvar a todas, por eso, con la información privilegiada de su trabajo como académico, iba intuyendo cuáles eran las voces desusadas —arcaicas, vetustas, desvaídas— que más peligro corrían, las que más le gustaban a él, aquellas a las que más cariño y nostalgia les tenía, y entonces hacía su lista, dudaba, sufría, escogía, y al final hacía un artículo de prensa en el que salían esos vocablos a los que así les salvaba la vida.¿Por qué? Porque la norma académica dice eso, que si en un periodo considerable de tiempo no hay registro alguno del uso corriente o literario o periodístico de esas palabras obsoletas, empieza su proceso de jubilación. Pero Javier Marías tenía un as bajo la manga, y cuando se daba la entrada solemne de las voces que iban al cadalso, él sacaba su artículo y lo blandía con orgullo: ahí estaban sus palabras indultadas y redivivas, nadie las podía desahuciar.“Acercanza” fue una de esas palabras que salvó, significa proximidad física o afectiva. Javier Marías ya no está, pero sí su lengua que gracias a él es mucho mejor. Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. BOLETINES EL TIEMPORegístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses. Mantente informado con lo que realmente te importa.EL TIEMPO GOOGLE NEWSSíguenos en GOOGLE NEWS. Mantente siempre actualizado con las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en Google News.EL TIEMPO WHATSAPPÚnete al canal de El Tiempo en WhatsApp para estar al día con las noticias más relevantes al momento.EL TIEMPO APPMantente informado con la app de EL TIEMPO. Recibe las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en tu dispositivo.SUSCRÍBETE AL DIGITALInformación confiable para ti. Suscríbete a EL TIEMPO y consulta de forma ilimitada nuestros contenidos periodísticos.