La exclusiva Singapur, una isla de prosperidad en el planeta, necesita niños. O futuro, porque algunos países han entendido que en el envejecimiento de su población y el alto aumento de la esperanza de vida se junta un peligroso cóctel que puede convertir sus países en una gigantesca residencia de ancianos. Nada que no ocurra en muchos países de alto desarrollo económico. “Queremos que todas las familias sepan: si deciden tener hijos, el Gobierno las apoyará. Ofreceremos más ayudas durante más años”, declaró el primer ministro, Lawrence Wong.

El mandatario puso encima de la mesa cantidades concretas que se darán a los progenitores para ayudarles con sus gastos. 70.000 dólares singapurenses, casi 50.000 euros, lo que la convierte en la ayuda para fomentar la natalidad más grande hasta ahora anunciada por un gobierno. De ellos, unos 6.750 euros son un cheque bebé, y el resto se reparten en ayudas diversas, beneficios de acceso a la vivienda, y una línea de créditos.

La medida, muy aplaudida cuando la anunció Wong en el transcurso de su discurso por el Día Nacional, intenta revertir una pirámide descendente. En 1960, la tasa de natalidad en la ciudad-estado era de un 37,5%. En 1970, ya bajó a un 22%. En el año 2000, era de un 13,7%; en 2015, del 9,7% y en la actualidad es del 7,7% según Datosmacro. En concreto, cada mujer tiene una tasa de 0,87 hijos, muy por debajo de los 2,1 que se necesitan para tener una población estable sin necesidad de la llegada de inmigrantes en países desarrollados. En países en vías de desarrollo, esa tasa se eleva hasta 2,5.