Panamá y El Salvador activaron medidas de emergencia ante los efectos cada vez más severos del fenómeno de El Niño. El episodio, que podría convertirse en uno de los más intensos registrados, también empieza a repercutir sobre una de las principales rutas del comercio mundial. El Gobierno panameño declaró la emergencia con el objetivo de acelerar los procedimientos administrativos y responder con mayor rapidez a los impactos económicos y ambientales. TE RECOMENDAMOS CÉSAR HILDEBRANDT Y SU CONTUNDENTE RESPUESTA A AMIGO DE KEIKO, DAMIÁN VALENZUELA | LA VERDAD A FONDO La ministra de Gobierno, Dinoska Montalvo, advirtió que el país deberá prepararse tanto para posibles inundaciones como para los efectos de la sequía. Según Luz de Calzadilla, directora general del Instituto de Meteorología e Hidrología de Panamá, las lluvias aumentaron 25% en el Caribe panameño, mientras que en el Pacífico se registra un déficit de aproximadamente 60%. La escasez de agua también amenaza el funcionamiento del Canal de Panamá. La vía interoceánica depende de agua de lluvia almacenada en embalses para operar sus esclusas y moviliza cerca del 5% del comercio marítimo mundial. Por ello, la Autoridad del Canal de Panamá reducirá los tránsitos diarios de 36 a 34 barcos desde el 3 de septiembre. A partir del 15 de septiembre, el límite bajará nuevamente, hasta 32 embarcaciones por día. El Salvador enfrenta una crisis agrícola En El Salvador, Protección Civil declaró alerta roja por sequía meteorológica y agrícola en todo el territorio. La medida busca reforzar la vigilancia de las fuentes de agua y los cultivos, localizar comunidades vulnerables y fortalecer la supervisión epidemiológica. El país acumula una sequía generalizada y registró 14 récords de temperatura durante agosto. La falta de precipitaciones ya provocó daños en los cultivos, especialmente entre productores que carecen de sistemas de riego. La Asociación Cámara Salvadoreña de Pequeños y Medianos Productores Agropecuarios calcula que la primera cosecha de granos básicos podría sufrir una reducción cercana al 20%. Ante este escenario, el Ministerio de Agricultura anunció apoyo alimentario para las familias afectadas. Protección Civil señaló que entre agosto y parte de septiembre podrían repetirse períodos secos vinculados con El Niño y la prolongación de la canícula. La combinación de temperaturas superiores a lo normal y déficit de lluvias aumenta el riesgo para el acceso al agua, la producción agropecuaria y la seguridad alimentaria. Honduras también resiente la falta de lluvias El impacto se extiende por otros países de Centroamérica. En Honduras, la sequía ya provocó pérdidas de maíz y frijol en comunidades del sur y el oeste, mientras que las autoridades mantienen bajo alerta cerca del 80% del territorio. La situación genera preocupación por el abastecimiento de alimentos en una región especialmente vulnerable a los fenómenos climáticos. El Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas advirtió que Centroamérica podría ser la zona del mundo donde más aumente proporcionalmente la inseguridad alimentaria como consecuencia de El Niño. A este escenario se suman temperaturas extraordinarias. El Salvador, Nicaragua y Honduras registraron récords mensuales de temperatura tanto en junio como en julio. Un fenómeno con efectos más allá de la región El Niño se origina por un calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental. Ese cambio altera los patrones de circulación atmosférica y modifica la distribución de las lluvias y las temperaturas a escala global. La Organización Meteorológica Mundial prevé que el episodio se intensifique durante los próximos meses. Las temperaturas superficiales del Pacífico podrían superar en más de 2°C los valores habituales, elevando el riesgo de fenómenos meteorológicos extremos. La magnitud del calentamiento también podría tener consecuencias sobre el récord global de temperatura. La combinación de El Niño con el calentamiento provocado por las emisiones humanas aumenta la posibilidad de que 2027 se convierta en el año más caluroso desde que existen registros. Mientras tanto, el impacto ya se siente en América Latina. Unos 110 millones de personas, desde México hasta el norte de Brasil y desde las costas del Pacífico hasta el escudo guayanés, experimentaron en julio temperaturas sin precedentes. Con los gobiernos en alerta y las cosechas bajo presión, Centroamérica entra así en una etapa crítica en la que la disponibilidad de agua y alimentos dependerá cada vez más de la evolución de El Niño durante los próximos meses.