Vivimos en una época en la que muchas personas sienten la necesidad de opinar sobre todo, contar lo que escuchan y sacar conclusiones antes de conocer la historia completa. A veces basta observar una situación durante unos segundos para construir una versión propia de los hechos. El problema comienza cuando esa interpretación se convierte, sin ninguna comprobación, en una supuesta verdad.Los rumores son más peligrosos. Una información transmitida por varias personas puede terminar completamente distorsionada, pero aun así hay quienes la repiten con absoluta seguridad. Así, una simple conversación puede transformarse en un conflicto, una amistad puede deteriorarse y una relación de confianza termina dañada.También existe otro error frecuente: confundir confianza con autorización para revelar aquello que alguien nos ha contado en privado. Saber guardar una confidencia es una muestra de madurez, respeto y educación. No todo lo que conocemos debe convertirse en conversación pública.PublicidadMuchas personas terminan enfrentadas con familiares, amigos, compañeros de trabajo y conocidos porque hablan demasiado, opinan sin conocer los hechos o repiten comentarios que nunca debieron salir de una conversación privada. La verdadera tranquilidad no consiste en saberlo todo ni en demostrar cuánto conocemos. Consiste en aprender a observar con serenidad, escuchar antes de juzgar y reconocer que una versión incompleta nunca puede explicar una realidad.Hay momentos en los que guardar silencio no significa indiferencia o cobardía, significa inteligencia emocional.La vida se vuelve mucho más tranquila cuando dejamos de alimentar rumores, evitamos conclusiones apresuradas y aprendemos a hablar solo cuando nuestras palabras aportan algo bueno. (O)PublicidadPublicidadElio Roberto Ortega Icaza, mediador y abogado criminalista, El Coca
El silencio también es una forma de sabiduría
La vida se vuelve mucho más tranquila cuando dejamos de alimentar rumores...








