FundamentosLas universidades deben ser centro de reflexión, laboratorios para la discusión de ideas e incluso espacios donde someter los grandes temas a debate.
A comienzos de los años 30 del siglo pasado, se celebró en México un importante congreso universitario. Se discutía allí el futuro de los centros de estudios, el papel de las universidades en la sociedad y cómo debían llevarse los debates ideológicos en su seno. De ese congreso, uno de los momentos más icónicos fue el intercambio que protagonizaron dos intelectuales de la época que estaban ubicados en distintas trincheras del pensamiento político. Uno de ellos era el militante socialista Vicente Lombardo Toledano y el otro, el académico liberal Antonio Caso. La cuestión para debatir era si una universidad debía profesar una ideología política particular o si debía estar abierta a la libre discusión de las ideas.
El tema no era tan sencillo como declarar un credo cerrado o uno abierto. El asunto tenía que ver con cuánto nivel de compromiso político se exigía a sus autoridades, a sus docentes y a los profesionales egresados de sus aulas. En el curso del debate, Antonio Caso planteó el cuidado que las universidades deben tener para con la libre discusión de las ideas. Ello no tiene nada que ver con que una universidad tenga una filosofía, porque al final cada una de ellas se funda.














