El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se ha apuntado en Carolina del Sur un importante tanto en la carrera hacia las elecciones de medio mandato del próximo noviembre y ha demostrado que mantiene su capacidad de convicción entre las filas de su partido. Los votantes han respaldado a la candidata que él apoyaba, Darline Graham, hermana del fallecido senador Lyndsey Graham, en las primarias que este martes se han celebrado en este Estado muy conservador para decidir el candidato que luchará por un escaño en el Senado en los comicios que se celebrarán en poco más de dos meses.Cuando se había recontado el 93% de los votos, Graham obtenía el 52,4%, por el 47,6% de su rival, el congresista Ralph Norman. Una proporción engañosa: la diferencia entre los dos era de apenas 15.000 papeletas. La antigua administradora de fondos de salud ya ocupaba de modo provisional el escaño que ahora pasará a disputarse con la candidata demócrata, Annie Andrews. Es el que correspondía a su hermano hasta el inesperado fallecimiento del político conservador, por una enfermedad cardiovascular, hace seis semanas, y Trump fue quien propuso su nombre para reemplazarlo.Para Trump, el triunfo de Graham representa una victoria personal tras un verano en el que varios de los candidatos a los que ha apoyado perdieron sus respectivas primarias. El presidente estadounidense se había volcado en su apoyo, tanto en declaraciones públicas como en la recaudación de fondos en su favor. Incluso llegó a viajar la semana pasada a Carolina del Sur para participar en un mítin de la aspirante, algo que apenas ha hecho en este ciclo electoral. Este lunes, MAGA Inc., el comité de acción política que apoya al presidente estadounidense y a los candidatos trumpistas, invirtió cerca de 830.000 dólares en la campaña de la senadora para llamadas y mensajes de texto de última hora a los votantes. La cantidad es tanto más notable por cuanto ese comité ha dedicado muy poco dinero a estas elecciones de medio mandato. El contraste entre los dos aspirantes, más allá de compartir afiliación política, no podía ser más drástico. Norman es un político profesional, que ha ocupado un escaño en la Cámara de Representantes durante una década. También ha prometido austeridad fiscal, en la línea del ala tradicional republicana. Darline Graham, por contra, era una persona casi completamente anónima y con un interés relativamente limitado por la política hasta el fallecimiento de su hermano. Tampoco había seguido hasta entonces las noticias con demasiada avidez.La muerte de Lyndsey Graham lo cambió todo. Casi de inmediato, Trump la propuso para ocupar el escaño hasta que se celebrasen elecciones y se iniciara la próxima legislatura en enero de 2027. El gobernador de Carolina del Sur, Henry McMaster, aceptó la sugerencia —casi una orden— del mandatario. Hace dos semanas, con el respaldo siempre entusiasta de Trump, la política novata terminó primera en la votación preliminar antes de las primarias. La ayuda del presidente, y la promesa de mantener las políticas, e incluso el equipo de ayudantes de su hermano, parecían suficientes para convencer al electorado republicano. Entonces derrotó a Norman con el 33% de los votos frente al 25% del congresista, y le superó en 36 de los 46 condados del Estado. El resto de los aspirantes que se presentaron recibieron menos votos y quedaron eliminados.Pero a medida que avanzaba la campaña, la inexperiencia de Graham iba quedando más y más de manifiesto. Hubo un momento clave: el debate televisado de los aspirantes hace una semana. El moderador le hizo una pregunta: ¿por qué Estados Unidos debe considerar a Taiwán y el mar del Sur de China un asunto de seguridad nacional? Era uno de los asuntos que fascinaban a su hermano, miembro del Comité de Relaciones Internacionales del Senado. Ella no supo muy bien qué contestar. Primero titubeó; después reconoció que “no sabía mucho” de cuestiones de seguridad nacional “pero sí sé que hay que apoyar a nuestras fuerzas armadas”. Esa contestación dio alas a sus críticos, que pusieron en duda que estuviera preparada para ocupar un puesto en el Senado.“Lindsey Graham estaba bien informado sobre los asuntos de seguridad nacional de Estados Unidos. Darline Graham admite que ella no. Eso no es algo que se hereda. Y es fundamental en el Senado estadounidense”, escribía la antigua gobernadora de Carolina del Sur, Nikki Haley, antigua rival de Trump en las primarias republicanas de 2024 y que dio su respaldo a Norman.Los sondeos internos apuntaban a que el comentario de Graham le restaba votos. La legisladora bisoña buscó hacer de la necesidad, virtud. Su fallo, declaró la semana pasada, se debía precisamente a que no es una política profesional, sino una persona común y corriente que entiende a las personas comunes y corrientes. “Lo he dicho muchas veces que no soy una política. Desde luego no soy una política profesional. No hablo con lenguaje político”, dijo.Los votantes republicanos han apostado este martes por esa versión. Por Darline Graham, la apuesta de Donald Trump.