Durante los últimos años, seguir las tendencias pareció convertirse casi en una regla. Cada temporada —y muchas veces cada semana— nuevas prendas, colores y estéticas se volvían virales en TikTok e Instagram. Del balletcore al mob wife, pasando por el coastal grandmother y el office siren, la moda comenzó a fragmentarse en microtendencias capaces de alcanzar su punto máximo y desaparecer en cuestión de semanas.

Pero algo empieza a cambiar.

Frente a esa aceleración permanente, el llamado anti-trend gana espacio dentro de la conversación de moda como una alternativa al consumo dictado por el algoritmo. La propuesta es simple: construir un placard más personal, con prendas capaces de atravesar varias temporadas y que no dependan de aquello que está circulando en redes sociales en ese momento.

Qué es el anti-trend

Más que rechazar las tendencias por completo, el concepto propone seleccionar cuáles incorporar y cuáles dejar pasar. Es decir, dejar de elegir una prenda únicamente porque se volvió viral y empezar a preguntarse si realmente dialoga con el estilo personal y con aquello que ya existe en el placard.