0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialPuntual como un reloj, Jose Mourinho compareció por tercera vez en una sala de prensa desde que aterrizó protagonizando un revival en el Real Madrid. Mismo tono, comedido y tranquilo, mismo discurso, optimista pero exigente, en una línea distinta a la beligerancia del Real Madrid con los estamentos en los últimos años, ya sea con su guerra con LaLiga o con el estamento arbitral como acusación particular del caso Negreira.“No quiero que me reciban de una manera particular. Quiero que esté con el equipo, que la gente haya tenido un feeling con lo que hemos hecho y nos apoye”, abrió boca el portugués, que volverá a escuchar su nombre como entrenador del club merengue 13 años después en el nuevo Bernabéu. “Me gustaría que el equipo sintiese algo diferente”, espera en este encuentro ante la Real Sociedad, y que sea capaz de conectar con la hinchada.En el RCDE Stadium, Mourinho fue tajante para valorar lo que él considera una agresividad excesiva con Vinícius. De la grada y de los rivales, todo ello con la permisividad arbitral. Utilizó el término bullying. Profundizó en esa idea aunque evitó enredarse hasta en dos ocasiones con el Barcelona.En la primera, se le preguntó directamente si los árbitros eran más permisivos con Lamine que con Vinícius. Lo primero que hizo el portugués fue quitar al jugador azulgrana de la ecuación (“no habló por Lamine, habló por todos los grandes jugadores”): ”“No vi los partidos el año pasado, no seguí semana a semana. Se ha entrado en una espiral en la que los adversarios lo saben. Y si pueden, lo hacen. Es como los niños pequeños: van hasta donde les permites. Los jugadores en el campo es lo mismo, si puedo macharlo o con palabras, lo hago. Si la amarilla me llega tras diez faltas si puedo llegar a la agresión casi... Intento que Vinícius tenga más control emocional pero a los tres minutos le dan una patada que es una agresión. Es expulsión”, dijo.En la segunda pregunta, se ahondó en la labor arbitral. Aquí Mourinho se puso del lado de la honestidad arbitral. “No dudo, no pienso que hay un árbitro en España que va al campo a pensar que es amigo de Negreira o que le pidió un favor años atrás. Me pongo en el lado de la honestidad de los árbitros españoles. El partido del Atlético en la primera jornada o el del Sevilla con Rayo estuvieron influencias por las decisiones arbitrales, pero puede pasar”.Por eso mismo, iniciará un trabajo con el delantero brasileño para que tenga más control en los partidos con lo que proviene de la grada: “La reacción hacia al público o insultos que no sea racista o homófobo, pienso que se puede controlar. Su relación con la grada puede mejorar. Pero en el juego, conpatadas, faltas o penaltis, es responsabilidad del juez. Si me dan una patada con mi personalidad quizás es roja para mí un minuto después... El juez debe proteger a los jugadores y el juego”, reflexionó.Mourinho, que confirmó de nuevo la baja de Tchouaméni a quien no le sentó demasiado bien el Mundial (“decidimos que mejorar parar”), considera que puede ofrecer esta versión de sí mismo todo el curso. “Pienso que sí, me siento desde hace años más tranquilo, con más control de mis emociones. Vivo de un modo diferente situaciones de dificultad, de frustración, que sé que llegarán. No me gusta la pereza, me gusta el trabajo. Quizás los jugadores me protegen dellado oscuro de mi personalidad, pero me siento bien”, explicó con un tono didáctico y conciliador, incluso agradeciéndole a la Liga el haber “retrasado una semana el inicio de la Liga por la cantidad mundialistas que había, era de sentido común”.Mourinho considera que la plantilla “está cerrada” aunque con el mercado abierto no se descarta nada; no ve a Valverde de lateral ni en la banda, mientras que entiende que cada jugador tiene una características a utilizar en cada partido: “Dumfries y Trent son laterales, pero cada uno te da unas cosas”.