El intento de Estados Unidos de asfixiar económicamente a Irán amenaza con abrir un nuevo foco de tensión con China, apenas un mes antes del encuentro previsto entre los presidentes Donald Trump y Xi Jinping en Washington. Pekín ha sido durante años el principal comprador del petróleo iraní y el primer paquete de sanciones de la Operación Paria Económico, presentada el lunes por el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, alcanza, entre otros, a ciudadanos y empresas de China continental y Hong Kong. Washington los acusa de ayudar a Teherán a obtener tecnología sensible, canalizar pagos y transportar crudo.Pekín ha respondido con el lenguaje habitual de la diplomacia china a la nueva ofensiva estadounidense proclamada durante el “día D económico contra Irán” (como lo bautizó Trump). El Ministerio de Exteriores chino ha expresado de nuevo su rechazo a las sanciones unilaterales “que carecen de fundamento en el derecho internacional” o “no cuentan con la autorización del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas” y ha pedido a las partes a actuar “con racionalidad y contención”.“China tomará todas las medidas necesarias para salvaguardar firmemente sus derechos e intereses”, ha enfatizado este martes un portavoz del Ministerio de Exteriores en una rueda de prensa rutinaria. “El bloqueo económico y la política de máxima presión no son la solución. La prioridad ahora es favorecer una desescalada y regresar cuanto antes a la vía del diálogo y la negociación”, ha instado el vocero Lin Jian. Según sus palabras, estas medidas solo agravarán las tensiones y el riesgo de desbordamiento, alterarán el orden económico y financiero mundial, y perjudicarán los intereses legítimos de otros países. Lin no ha precisado no obstante en qué consistirán las medidas prometidas ni si incluirán represalias.Bessent lanzó el lunes lo que él mismo describió como “disparo de advertencia”. Washington, explicó, quiere conceder a los países, empresas y entidades afectadas un breve plazo para “remediar su mal comportamiento” antes de aplicar sanciones secundarias que podrían expulsarlos del sistema financiero basado en el dólar.De momento, el Departamento del Tesoro ha incluido en su lista negra cerca de 60 personas, empresas y buques a los que acusa de ayudar a Teherán a obtener tecnología para sus programas nuclear y de misiles, participar en ciberoperaciones y exportar petróleo.Entre los sancionados figura Sweet Ocean Industrial, con sede en Hong Kong, que habría actuado como intermediaria en la adquisición de equipos ópticos láser destinados a la Universidad de Tecnología Malek Ashtar, una institución iraní vinculada —según el Departamento del Tesoro estadounidense— con la investigación nuclear y el desarrollo de misiles. Personas y compañías asociadas a Sweet Ocean en China y Hong Kong habrían gestionado, además, la compra de acelerómetros, actuadores y equipos de laboratorio. Washington también acusa a otras cuatro sociedades hongkonesas de servir como empresas pantalla para canalizar pagos de las redes financieras clandestinas de la República Islámica.Las sanciones, según recoge el comunicado oficial estadounidense, también alcanzan a compañías logísticas de Shenzhen (cerca de Hong Kong) que habrían prestado servicios o apoyo a BRE Line, una empresa logística iraní a la que Washington atribuye envíos para la Organización de Innovación e Investigación Defensiva de Irán.En el ámbito petrolero también ha castigado a propietarios y operadores de una red de petroleros que transporta crudo iraní mediante sociedades pantalla, cambios de bandera y otras maniobras destinadas a eludir las sanciones. Entre ellos figura la compañía china Lilimoon Navigation, propietaria, operadora y gestora del Voyage Elite, un tanquero que —se cree— ha transportado millones de barriles de crudo iraní al gigante asiático desde el inicio de la guerra.China lleva años siendo el principal comprador del crudo iraní: solo en 2025 adquirió alrededor de 1,4 millones de barriles diarios, según la firma especializada Kpler. Las importaciones chinas alcanzaron este año los 1,57 millones de barriles diarios en febrero, pero se redujeron a 534.000 en agosto, según datos provisionales de Kpler citados por agencias internacionales.El negocio se concentra en refinerías independientes, atraídas por los descuentos, y se mantiene fuera de las estadísticas oficiales mediante intermediarios, pagos en yuanes y cargamentos declarados como procedentes de Malasia o Indonesia. Las grandes petroleras estatales chinas evitan esas compras desde 2019, cuando Washington restableció las sanciones contra Teherán.Pekín, con todo, ya ha empezado a dotarse de instrumentos para resistir la presión estadounidense. En mayo emitió por primera vez una orden de bloqueo al amparo de un mecanismo aprobado en 2021 y prohibió que se reconocieran, ejecutaran o acataran en China las sanciones impuestas por Washington a cinco refinerías del gigante asiático acusadas de comprar petróleo iraní.A las puertas de la cumbreEl pulso llega en vísperas de una cita clave para las relaciones entre las dos mayores potencias del planeta. El presidente chino, Xi Jinping, tiene previsto viajar a Washington el 24 de septiembre, invitado por Trump, para celebrar la segunda cumbre entre ambos en poco más de cuatro meses.El encuentro debería servir para consolidar la frágil distensión acordada durante la visita del republicano a Pekín en mayo y encauzar disputas comerciales y estratégicas que van desde los aranceles hasta el suministro de minerales críticos. Washington ha evitado por ahora sancionar los grandes bancos chinos sospechosos de facilitar las transacciones con Irán. Una ofensiva contra esas entidades podría enturbiar las reuniones y provocar una respuesta de Pekín en otros frentes sensibles para la Casa Blanca.
China adoptará “las medidas necesarias” ante las sanciones de EE UU por su apoyo a Irán
El paquete de castigo alcanza a empresas chinas y hongkonesas vinculadas al comercio de crudo y tecnología a un mes de la cumbre Trump-Xi










