El final del verano puede convertirse en una auténtica carrera contrarreloj por conseguir alimento para las abejas. Una investigación de la Universidad de Sussex (Reino Unido) ha descubierto que estos polinizadores tienen mayores dificultades para recolectar néctar a finales de julio y, especialmente, durante agosto, cuando disminuye el número de flores disponibles mientras muchas especies de insectos continúan activas.

El estudio, publicado en la revista científica Functional Ecology, es el primero que mide directamente cómo cambia a lo largo del año la relación entre la energía que gastan las abejas buscando alimento y la que consiguen mediante el néctar. Los investigadores estudiaron espacios verdes situados en Brighton y Edimburgo y encontraron un patrón similar en ambas ciudades, pese a estar separadas por unos 600 kilómetros.

Los resultados muestran que la escasez de alimento se vuelve especialmente acusada al final del verano. Los científicos apuntan a dos factores principales: hay menos plantas en floración y aumenta la competencia entre los diferentes polinizadores. La situación contrasta con la primavera, cuando las abejas alcanzan su mayor eficiencia en la búsqueda de alimento coincidiendo con la floración de numerosos árboles.