Mediados de los años setenta. La dictadura de Augusto Pinochet controla Chile y una mujer llamada Mariana Callejas vive en una casa inmensa y destartalada en Lo Curro, un barrio burgués de su capital, Santiago. Ella es atractiva y tiene fama de ser una buena escritora, aunque apenas ha publicado nada. Está entrando en la mediana edad. Y está casada con un estadounidense con pinta de hippie. En teoría, él se dedica a importar tecnología extranjera en Chile y a arreglar cajas de cambio de automóviles y aparatos electrónicos. Mariana recibe a un montón de escritores en su casa. De hecho, dirige una informal escuela de escritura y frecuentan Lo Curro tanto algunos representantes de la cultura oficial del país como las nuevas promesas de la literatura chilena. Todos se preguntan por qué una mujer tan talentosa no es una estrella de la literatura. Hay varias respuestas a esa pregunta. Pero una de ellas es que, en realidad, su marido trabaja para la Dirección de Inteligencia Nacional, la DINA, el servicio de espionaje de la dictadura, para el que, desde el sótano de la casa, que paga el Gobierno, desarrolla nuevas tecnologías de escucha, materiales explosivos y sustancias destinadas a sesiones de tortura de disidentes. Y que, junto a él, en el tiempo que le deja libre escribir finos cuentos inspirados por Hemingway y Camus, ella se dedica a asesinar a opositores chilenos por orden de Pinochet. Esta es la historia que cuenta el nuevo libro del escritor chileno Juan Cristóbal Peña, Letras Torcidas. La doble vida de Mariana Callejas: escritora y agente de Pinochet, publicado este verano por la editorial Debate. La historia es relativamente conocida, gracias a una novela de Roberto Bolaño, Nocturno de Chile, artículos del escritor chileno Pedro Lemebel y muchas historias periodísticas. Pero el libro es una admirable y adictiva obra de investigación periodística basada en entrevistas con la propia Callejas y otros protagonistas e investigaciones de archivos judiciales. El relato es vertiginoso y adictivo. Hacía mucho tiempo que no leía una obra de no ficción en castellano tan convincente como esta. Un secreto imposible de resolver La historia, de hecho, es casi increíble. ¿Cómo, se pregunta el autor, "una mujer de provincia, aficionada a la lectura y más tarde a la escritura, madre, esposa, dueña de casa, termina vinculada a los crímenes más sonados de la policía política de una dictadura"? Sobre todo porque, como dice, "la política no era un tema gravitante de su vida". Resulta "difícil de entender" que se acercara al "grupo paramilitar de ultraderecha Frente Nacionalista Patria y Libertad" y, después de mostrar que era una activista fiable, pasara a participar en asesinatos de demócratas chilenos que vivían exiliados, como Carlos Prats, ex ministro de Salvador Allende, al que ella y su marido mataron mediante una bomba instalada en su coche en Buenos Aires. Mariana era excéntrica, de aspecto más bien moderno, se había divorciado y tenía amantes, pero su trabajo y el de su marido para la dictadura les había dado el estatus de clase media alta y la respetabilidad que anhelaban. Además, ella podía combinar eso con su papel como mujer de letras. Cubierta de 'Letra torcidas', de Juan Cristobal Peña. Los rumores de su vida secreta corrían en los círculos culturales de Chile, cuyos miembros frecuentaban esa casa, que era al mismo tiempo un hogar familiar, una sede cultural y un cuartel paramilitar. Se decía incluso que algunos invitados, bebidos, mientras buscaban el baño de la casa, habían abierto por error una puerta que daba a una sala de torturas o al laboratorio en el que el marido experimentaba con gas sarín. Con la caída de Pinochet y el inicio de las investigaciones judiciales sobre los crímenes de la dictadura, el papel de Mariana se volvió público. Lo que más le frustró a ella fue que eso acabó con sus aspiraciones literarias. Aunque el nuevo establishment cultural, dominado por la izquierda, reconocía que tenía talento, se volvió una persona tóxica que, en lugar de aparecer en las páginas de cultura de los periódicos, aparecía en las de Tribunales que seguían su paso ante los jueces. Letras Torcidas no es capaz de explicar por qué Mariana Callejas dio el giro ideológico que marcó su vida. Quizá porque quiere aferrarse a los hechos probados, uno acaba de leerlo sin saber muy bien por qué esa mujer emprendió la demencial aventura de convertirse en terrorista de Estado. Pero, a pesar de ello, el libro es brillante y convincente. Solo los escritores tienen la capacidad de fabulación necesaria para racionalizar incluso los más atroces crímenes ¿Cómo pudo producirse una vida como la de Mariana Callejas? Juan Cristóbal Peña no hace conjeturas. Pero después de hablar varias veces con su protagonista ya anciana, y con muchos de quienes la rodearon, parece llegar a una conclusión. Solo los escritores tienen la capacidad de fabulación necesaria para racionalizar incluso los más atroces crímenes. Mediados de los años setenta. La dictadura de Augusto Pinochet controla Chile y una mujer llamada Mariana Callejas vive en una casa inmensa y destartalada en Lo Curro, un barrio burgués de su capital, Santiago. Ella es atractiva y tiene fama de ser una buena escritora, aunque apenas ha publicado nada. Está entrando en la mediana edad. Y está casada con un estadounidense con pinta de hippie. En teoría, él se dedica a importar tecnología extranjera en Chile y a arreglar cajas de cambio de automóviles y aparatos electrónicos.
Era una escritora talentosa. En su tiempo libre asesinaba a opositores de Pinochet
Un brillante libro reconstruye la vida Mariana Callejas, que durante la dictadura chilena se ganó la fama de buena narradora y patrona de las artes mientras, junto a su marido, mataba a opositores del régimen






