La fantasiosa prosa de Álvaro Cunqueiro proporciona una razón imbatible para escaparse a Santiago de Compostela. El escritor gallego dijo: “A Compostela se acerca uno como quien se acerca al milagro”. Actitud aplicable tanto para peregrinos como para los visitantes menos creyentes de una capital autonómica con rango de patrimonio de la humanidad, donde se deambula sin coches ni prisas para saborear la historia.El epicentro de todo es la catedral. Se esté donde se esté en Santiago, siempre atrae como un imán. Sus torres dominan el skyline compostelano y también el tiempo. De hecho, mientras en la plaza del Obradoiro se levantan las torres de las Campanas y de la Carraca que resuena en Semana Santa, sobre el portal de Platerías se alza individualizada la torre Berenguela con su reloj de una sola saeta minutera, ya que las horas vienen indicadas por las campanas.Es irremediable comenzar cualquier itinerario por Santiago de Compostela en su catedralEs irremediable comenzar cualquier itinerario por Santiago de Compostela en su catedral. El lugar que para los peregrinos es el destino, para los turistas es el inicio. Unos y otros se juntan sin citarse en la plaza del Obradoiro a contemplar la fachada barroca del templo. Si bien, no es más que una imagen, ya que para entrar al interior hay que acudir a la puerta de la plaza de Platerías. Aunque si es Año Jacobeo, también se abre la entrada de la plaza de Quintana.Por una por otra, la entrada es gratis, algo reseñable en estos tiempos. Una vez dentro es opcional desfilar por el sepulcro del apóstol, en cambio es forzoso darse un garbeo por las capillas para admirar este compendio de la Historia del Arte, con mayúsculas, que va desde los tiempos románicos hasta el esplendor más barroco. Y si la escapada a Santiago se hace con previsión es recomendable apuntarse a las visitas gratuitas al pórtico de la Gloria que luce con un colorido inesperado para los que imaginan el medievo como una época de piedras desnudas y sin cromatismo.Pórtico de la gloria en la fachada del Obradoiro en la catedral de Santiago de CompostelaDavid Andres GutierrezSi no se tiene esa reserva previa, habrá que pasar por caja para incorporarse a una visita guiada. La ventaja es que ese ticket también puede servir para el Museo de la Catedral e incluso para ascender a los cielos y pisar los techos del tercer templo más importante de la cristiandad. Un paseo aéreo que además permite subir a la torre de la Carraca para otear la plaza de Obradoiro con su Hostal de los Reyes Católicos y el palacio Raxoi que ahora cumple como Casa Consistorial.De nuevo con los pies en el suelo hay que dejarse llevar por la intuición para caminar sin rumbo por el callejero antiguo de Santiago e ir descubriendo sus rincones más emblemáticos. Muchos de ellos van apareciendo en las inmediaciones de la catedral, como por ejemplo la citada plaza de Platerías, antiguo emplazamiento de los orfebres y donde está la Casa del Deán y la fuente de los Caballos.Igualmente a la sombra catedralicia se halla la plaza de Quintana donde se aprecia la cabecera medieval del templo, mucho más austera e íntima que la recargada fachada del Obradoiro. Esa sobriedad es el telón perfecto para una plaza que en realidad son dos. Arriba está la Quintana dos Vivos y abajo la Quintana dos Mortos, ya que fue un cementerio hasta el siglo XVII. Y entre ambas se despliega una escalinata monumental que la tradición recomienda subir más que bajar.De hecho el ascenso lleva en un instante a la plaza de Cervantes con los típicos soportales que resguardan del clima compostelano. Esta protección de la lluvia también aparece en dos de las arterias vitales del núcleo medieval como son la rúa do Vilar y la rúa Nova, ambas flanqueadas por casonas renacentistas y barrocas. Y además en la rúa Nova aparecen sorpresas del patrimonio de Santiago como el teatro Principal, la iglesia de Santa María Salomé o el pazo del Marqués de Santa Cruz.Casco antiguo lleno de soportales en Santiago de CompostelaLeonid ANDRONOVUn carácter distinto irradian las estrechas rúa Franco y rúa Raíña. Entre ambas se acumula un laberinto de bares, tabernas y restaurantes donde reina la suculenta gastronomía gallega a base de pulpo a feira, todo el marisco imaginable o carne de ternera y de vaca rubia autóctona. Platos siempre regados con vinos de cualquiera de los cinco denominaciones de origen vinícolas de la comunidad autónoma. O sea, si se quiere gozar del recetario gallego, estas calles son ideales.Aunque no hay solo templos del buen comer, en rúa Franco también hay uno del saber. Se trata del pazo de Fonseca, donde se originó a fines del siglo XVI la prestigiosa Universidad Compostelana. Su fachada renacentista llama la atención por el escudo heráldico de los Fonseca, verdaderos mecenas de esta institución educativa que todavía tiene plena vigencia en la ciudad. Así que merece la pena homenajearles entrando al edificio para contemplar su capilla gótica o el elegante patio interno.En definitiva, el casco viejo de la capital gallega es para caminarlo con pausaEn definitiva, el casco viejo de la capital gallega es para caminarlo con pausa y haciendo todas las paradas que hagan falta para disfrutar del peso de su historia. Es casi inagotable su patrimonio. Se pueden visitar sus monasterios de San Martín Pinario o el de Paio Antealtares, también hay que acercarse a su animado Mercado de Abastos, al convento de San Francisco o al Museo do Pobo Galego.Desde este museo etnográfico hay un agradable paseo hasta el parque de San Domingos de Bonaval, el cual se extiende por unas terrazas que en el siglo XIII fueron el camposanto y las huertas de un monasterio dominico. Mientras que hoy ofrecen una fantástica panorámica de la ciudad.Aunque quizás posea una vista más atractiva el paseo de la Herradura del Parque de la Alameda. Semejante panorama es ideal para despedirse de Santiago, pero no se trata de irse sin más. Mucho mejor hacerlo con las palabras de una escritora local. En realidad, todos los grandes de las letras gallegas le han dedicado líneas a la ciudad, desde Valle Inclán a Cela, pasando por Emilia Pardo Bazán, Torrente Ballester o más recientemente Manuel Rivas. Pero para despedirse de Santiago como merece, mucho mejor hacerlo con las palabras de Rosalía de Castro:“¡Adiós! ...Cuando vuelva, si vuelvo, todo estará donde estaba: Los mismos montes negros y las mismas alboradas, del Sar y del Sarela mirándose en las aguas; los mismos verdes campos, las mismas torres pardas de la catedral severa oteando la lontananza…”.
Descubrir Santiago de Compostela sin ser peregrino
La catedral de Santiago es la meta de los peregrinos jacobeos, pero además es el inicio de una visita para los turistas que disfrutan de un viaje en el tiempo









