La ermita de San Bartolomé en Leioa separaba este lunes por la tarde dos formas de vivir las fiestas del barrio. Por un lado, delante del edificio religioso, un centenar de personas han sido testigos de las Asto Probak, pruebas de arrastre de piedra con burros, mientras que, por otro lado, detrás de la ermita, decenas de vecinos se manifestaban en contra. Los gritos de “¿Cómo os puede divertir ver a un animal sufrir?” se ahogaban en la música que ambientaba este deporte rural muy extendido Euskadi y otras zonas del país.

Las pruebas de Leioa han consistido en la presentación del burro al público en primer lugar, para después colocarle una piedra de alrededor de 700 kilogramos al lomo y al cuello con unas cadenas. En este momento, el animal, inquieto ante lo que estaba ocurriendo, ha comenzado a defecar. Cuando el pitido de inicio de la prueba ha sonado, uno de los cuatro hombres que manejaban al animal le ha dado un golpe seco con una vara, mientras otro le ha agarrado del hocico con el objetivo de guiarle. Así, el animal ha trasladado la piedra por una recta mientras dos hombres le golpeaban con varas de madera y otro se posicionaba en la parte trasera, con una vara distinta, más conocida como una aguijada por su punta de hierro para picar al burro y que este obedezca. Si el animal lanzaba una coz, el golpe recaía en la piedra. En total, cada animal ha tardado una media de un minuto en realizar la ida y otro minuto en realizar el regreso. Y así sucesivamente con distintos animales hasta lograr un ganador: el burro que durante más tiempo sea capaz de transportar la piedra y dé más vueltas al recorrido, llegando a durar más de 20 minutos por animal.