OpiniónLa infraestructura debe acompañar una transformación pedagógica y no convertirse en una camisa de fuerza para ella.ESCRITOR Y PERIODISTA24.08.2026 22:01 Actualizado: 24.08.2026 22:01 Después de un terremoto como el que acaba de sufrir el país, la primera urgencia es evidente: reconstruir las escuelas que quedaron destruidas o averiadas. Hay que levantar muros, reparar techos, recuperar aulas y devolver a niños y maestros un lugar seguro donde encontrarse. Pero sería una oportunidad perdida si la reconstrucción se limitara a reparar los edificios que existían antes del desastre. Una tragedia como esta también puede servir para preguntarnos qué educación queremos construir sobre las ruinas materiales.Colombia tiene ante sí una tarea de reconstrucción que debería mirar mucho más allá de la necesidad inmediata. El país está viviendo en un mundo marcado por la inteligencia artificial, la automatización, la crisis ambiental, las migraciones, el envejecimiento de la población, la transformación del trabajo y una diversidad cultural cada vez mayor. Mientras tanto, muchas de nuestras escuelas siguen organizadas con horarios, currículos, evaluaciones y formas de relación pedagógica concebidas para un mundo que ya no existe.Por eso, reconstruir una escuela no debería significar simplemente reemplazar una edificación por otra. Significa preguntarnos qué espacios necesitarán los niños y jóvenes para aprender lo que van a necesitar en diez, quince o veinte años. ¿Serán suficientes las aulas cerradas, los tableros y los pupitres organizados en filas? ¿No tendremos que imaginar espacios más flexibles, laboratorios, bibliotecas vivas, lugares para crear, investigar, conversar, trabajar con otros y relacionarse con el territorio? La infraestructura debe acompañar una transformación pedagógica y no convertirse en una camisa de fuerza para ella.Durante las próximas dos décadas Colombia tendrá que pasar de una educación centrada principalmente en transmitir conocimientos a otra capaz de desarrollar la capacidad de aprender durante toda la vida. Pensamiento crítico, creatividad, comunicación, competencias digitales, formación científica, sensibilidad artística, conciencia ambiental y habilidades para convivir democráticamente serán tan importantes como los conocimientos básicos tradicionales.Que cada nueva escuela sea una oportunidad para experimentar otras formas de aprender; que sus maestros participen en el diseño; que sus estudiantes tengan voz.Y aquí aparece una condición que ninguna política de infraestructura puede resolver por sí sola: la participación profesional de los maestros. No tendría sentido diseñar las escuelas del futuro sin escuchar a quienes conocen desde dentro la experiencia cotidiana de enseñar y aprender. Los maestros no pueden ser considerados únicamente usuarios de una infraestructura diseñada por arquitectos, ingenieros, funcionarios y contratistas. Deben participar profesionalmente en la definición de los espacios, los tiempos, los currículos, las formas de evaluación y las tecnologías que habrán de utilizarse. Ellos podrán decir qué condiciones favorecen realmente la conversación, la lectura, la experimentación, el trabajo colaborativo o la atención a la diversidad y al territorio.La reconstrucción debería convertirse en un laboratorio de futuro. Que cada nueva escuela sea una oportunidad para experimentar otras formas de aprender; que sus maestros participen en el diseño; que sus estudiantes tengan voz; que la comunidad encuentre allí un espacio de encuentro; que la tecnología amplíe las posibilidades sin reemplazar la relación humana; que la arquitectura permita cambiar cuando cambien las necesidades.La gran tarea educativa de los próximos veinte años será pasar de una escuela que todavía responde, en buena medida, a un mundo que desaparece, a otra capaz de preparar para un mundo que todavía no conocemos. Y para lograrlo será indispensable dejar de pensar en los maestros como ejecutores de reformas diseñadas desde arriba. Si queremos escuelas verdaderamente nuevas, necesitamos maestros que puedan pensar, decidir, investigar, crear y transformar.Reconstruir los edificios será urgente. Reconstruir la educación es el verdadero desafío.fcajiao11@gmail.com Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. BOLETINES EL TIEMPORegístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses. Mantente informado con lo que realmente te importa.EL TIEMPO GOOGLE NEWSSíguenos en GOOGLE NEWS. Mantente siempre actualizado con las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en Google News.EL TIEMPO WHATSAPPÚnete al canal de El Tiempo en WhatsApp para estar al día con las noticias más relevantes al momento.EL TIEMPO APPMantente informado con la app de EL TIEMPO. Recibe las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en tu dispositivo.SUSCRÍBETE AL DIGITALInformación confiable para ti. Suscríbete a EL TIEMPO y consulta de forma ilimitada nuestros contenidos periodísticos.
Reconstruir la educación
La infraestructura debe acompañar una transformación pedagógica y no convertirse en una camisa de fuerza para ella.











