Los humanos por naturaleza somos sociables, pero también mentirosos, ya que la mentira es uno de los mecanismos de adaptación humana más importantes y funcionales. Investigaciones destacan que una persona puede llegar a mentir entre 10 y 200 veces todos los días.

Mentir se ha convertido en un mecanismo de defensa con el que el humano gestiona el miedo. El portal Psicología y Mente destaca que, cuando se es niño, se aprende a mentir, pues se aprende a tergiversar la realidad para afrontar situaciones, pero con el tiempo puede llegar a hacerse incluso sin razonar.

¿Por qué mentimos cuando sabemos que no debemos hacerlo? ¿Decimos mentiras para proyectar una imagen mejor de nosotros mismos o debido a motivos más profundos? Thomas Erikson desvela aspectos curiosos sobre la mentira, sus raíces psicológicas y su impacto en nuestras relaciones.

“Quizá sea duro oírlo, pero mentir es instintivo y muy habitual. Todos mentimos un poco de vez en cuando. ¿Quién no ha dicho alguna vez (sin que sea cierto) ‘estoy bien, gracias’, ‘ese vestido te queda muy bien’, ‘yo también te quiero’, ‘estoy de camino’, ‘¡no te había visto!’ o ‘no me importa’?”, reflexiona.

“La mentira patológica, la manipulación y el fraude se han convertido, de forma innegable, en elementos comunes de las interacciones humanas. La línea que separa la verdad y el engaño se ha vuelto cada vez más difusa”, asegura Erikson.