Actualizado a las 01:18h.

Cuando un jugador es una estrella no puede remediarlo, aunque no tenga el ánimo para demostrarlo. Solo así se puede entender que un hombre como Jon Rahm tire de lo mejor de su talento cuando ya había ganado la clasificación anual del LIV Golf ... y que se quedara a un solo golpe de hacerse con el último trofeo en Indianápolis. Firmó una última vuelta magistral de 63 golpes en la que sacó la mirada asesina que le había llevado a ganar dos 'majors' y a ser número uno mundial. Pero eso fue en otra vida. En la actual, esas sensaciones no las había vuelto a mostrar.

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