El panorama político en Bolivia es de por sí telúrico. Un presidente acorralado por tensiones internas, un Evo Morales atrincherado en el Chapare con acusaciones judiciales a cuestas, ministros que renuncian o son expulsados y un tablero institucional que cruje. En ese escenario convulso ocurrió algo que debería encender todas las alarmas de la política argentina: la detención por seis meses de Fernando Cerimedo, acusado de contratar sicarios para atentar contra la vida de su pareja, Nadia Avelier. No estamos ante un hecho aislado ni ante un problema estrictamente pasional. Cerimedo no es un ciudadano cualquiera. Es el arquitecto de la infraestructura digital de la ultraderecha, el estratega que operó en Brasil —investigado por los intentos de desestabilización contra Lula da Silva—, en Chile y en Honduras, y que en la Argentina se atribuyó la paternidad y el financiamiento del universo de los streamers e influencers libertarios. Lo llamativo —o quizás previsible— es la reacción del ecosistema oficialista. Quienes hicieron del agravio diario y la descalificación su herramienta fundamental de construcción política hoy guardan un silencio sepulcral. Los mismos voceros y referentes digitales que surgieron bajo la sombra de esta red prefieren no pronunciarse sobre la suerte de su mentor.
El escándalo Cerimedo y la sombra de las milicias digitales en el poder
La trama de trolls, los vínculos de ministros con el "inframundo" digital y el silencio oficialista ante un caso de sicariato e intriga internacional.










