Elegir un melón o una sandía entera tiene algo de apuesta. No vemos la pulpa, no podemos probarla y acabamos haciendo lo de siempre: levantar la pieza, apretarla, darle un par de golpecitos y poner cara de entendido. El problema es que no existe un truco exterior infalible. Lo que sí hay son varias señales que, usadas juntas, aumentan bastante las posibilidades de acertar.

Además, melón y sandía no se comportan igual después de la cosecha. La sandía debe llegar madura a la tienda, porque una vez separada de la planta no aumenta de forma apreciable su contenido en azúcares. Y con el melón hay que afinar más: un cantalupo puede seguir cambiando de aroma y textura después de recogido, mientras que el melón piel de sapo, tan habitual en España, tiene un comportamiento no climatérico. Dejar una pieza poco dulce varios días en casa no va a convertirla por arte de magia en un melón estupendo.

Por eso, si estamos comprando estas frutas de verano en plena temporada, merece más la pena mirar peso, color, firmeza, zona de apoyo y estado de la piel que confiar en una sola prueba. Y si queremos afinar todavía más la compra en estos meses, la guía de alimentos de temporada en agosto ayuda a situar cuándo están en uno de sus mejores momentos.