Es probable que Rosa Arciniega (1909-1999) viera Metr�polis en la sala de alg�n cine de Barcelona o de Madrid, ciudades en las que se estren� en 1928, justo el a�o en el que, desde Per�, lleg� con su marido a Espa�a y tuvo su primer hijo. Y es probable, aunque no dejara constancia escrita, que la pel�cula de Fritz Lang le sirviese de inspiraci�n para crear su distop�a literaria, Mosko-Strom. El torbellino de las grandes metr�polis, la tercera de sus novelas, publicada en 1933. En tan corto espacio de tiempo, la escritora peruana (hab�a nacido en la regi�n de Ancash, al norte de Lima) se hab�a convertido en una referencia ineludible en los ambientes literarios espa�oles.Desde pr�cticamente su llegada, primero a Barcelona y al poco tiempo a Madrid, comenz� a colaborar con Nuevo Mundo (donde adem�s de art�culos public� sus primeros cuentos) y con la revista Cr�nica. Seg�n Inmaculada Lergo, especialista en su obra y responsable de la edici�n de Mosko-Strom para la editorial Renacimiento, Arciniega "era una 'mujer moderna', una 'anarquista m�stica', seg�n se defin�a ella, que encajaba bien con el nuevo esp�ritu de esos a�os, con los aires de renovaci�n, y el papel de la mujer en la sociedad propiciados por la Rep�blica". Arciniega, contin�a Lergo, "lleg� a nuestro pa�s con unas ideas ya formadas dentro de tendencias de izquierda. En Lima hab�a formado parte del c�rculo ideol�gico de Jos� Carlos Mari�tegui, que fund� el Partido Socialista Peruano en 1928, al que muy probablemente se afiliara, como lo hizo en Espa�a en el Partido Socialista Obrero Espa�ol, y vincul�ndose al grupo de otras mujeres de izquierda como Concha M�ndez, Maruja Mallo, Ernestina de Champourcin, Victoria Kent, etc." Sol�a colaborar en radio (escribi� incluso un drama radiof�nico titulado El crimen de la calle Oxford) y para muchos de sus lectores supuso una sorpresa verla fotografiada en la revista Estampa pilotando un avi�n. Era, adem�s, una apasionada del cine, g�nero al que dedic� la novela 'Vidas de celuloide'.Para saber m�sUn a�os antes, en 1931, apareci� su primera novela, Engranajes, editada por la Compa��a Ibero-Americana de Publicaciones, la agencia editorial fundada en 1924 por el banquero Ignacio Bauer y Pedro S�inz Rodr�guez. El �xito fue inmediato, ya que fue elegido El mejor libro del mes por un jurado compuesto, entre otros, por Azor�n y Ram�n P�rez de Ayala. El diario La calle la entrevist� y lo calific� de "libro de vanguardia. Tiene el sabor �nico de los libros rusos de la trasguerra, en los que el protagonista es la humanidad, la masa, la multitud, incierta, dolorida, engranaje de todas las tragedias". Y respond�a Arciniega: "Aunque joven, he viajado lo suficiente para ver, en todas partes -Inglaterra, Francia, Am�rica y Europa-, el mismo problema, id�nticos dolores en el proletariado, igual trituramiento del hombre por la m�quina -m�quina ya, �l mismo-, por la industria y por el capital".Las cuatro novelas que public� en Espa�a eran todas de tesis, es decir, ideol�gicas. Y en ellas quedaban explicitadas sus convicciones pol�ticas, que beb�an de la fascinaci�n por la Revoluci�n rusa de 1917. Convicciones que ir�a moderando con el tiempo, cuando en 1956 firm� un manifiesto de apoyo a al levantamiento antisovi�tico de Hungr�a y comenz� a participar en el Congreso por la Libertad de la Cultura, financiado por EEUU y de indisimulado car�cter anticomunista. La �ltima parte de su actividad literaria la dedic� a exaltar la figura de cuatro conquistadores espa�oles: Pizarro, Lope de Aguirre, Pedro de Valdivia y Sarmiento de Gamboa.En los a�os 30, sin embargo, influida por el esp�ritu de su tiempo, quer�a dejar constancia de sus ideales ut�picos y su rechazo a la automatizaci�n de la sociedad, la masificaci�n de las ciudades, convertidas en velocidad, ruido y humo, y la deshumanizaci�n del capitalismo, que transformaba a los obreros en mecanos sin voluntad ni alma.Es lo que retrat� la ya citada Metr�polis y, en ese mismo a�o de 1927, Berl�n, sinfon�a de una ciudad, de Walter Ruttmann. O, poco despu�s, en 1936, el Chaplin de 'Tiempos modernos'. Y hay que rese�ar que Aldous Huxley public� en 1932 Un mundo feliz, el mismo a�o en el que Julio Camba recopilaba en un volumen sus cr�nicas de EEUU bajo el t�tulo de La ciudad autom�tica. En �l, a pesar de su fascinaci�n por Nueva York, criticaba el "esp�ritu de la civilizaci�n americana", que produc�a "m�quinas humanas y ciudadanos mec�nicos. Robots que parecen personas y personas que parecen Robots". Y luego, conclu�a el genial periodista, llegar� la "eugenesia, que es algo as� como el fordismo aplicado la reproducci�n de la especie. Su objetivo principal en Am�rica consiste en estandarizar a la Humanidad".Como todas estas obras citadas, tambi�n Mosko-Strom (cuyo nombre hace referencia al poderoso remolino del archipi�lago noruego de las islas Lofoten, cuya imagen de v�rtice acu�tico que todo lo engulle hasta el fondo del oc�ano fue ya utilizado por Julio Verne en un pasaje de Veinte mil leguas de viaje submarino) tiene vigencia hoy. Porque si bien la ingenuidad de toda distop�a ha quedado ya superada, algunas descripciones de lo que ocurre en Cosm�polis, as� se llama la ciudad imaginada por Arciniega, son reconocibles hoy: "Toda una ciudad, todo un mundo, pasando por la vida sin tiempo de contemplarla, en el colmo de la velocidad y del v�rtigo (...) presos, maniatados dentro de las argollas creadas por ellos mismos".La mujer espa�ola'La Calle', 24 de julio de 1931"Siempre en el tono de respeto con el que una extranjera debe juzgar a Espa�a, debo decir quela mujer espa�ola posee, en potencia, todas las cualidades y virtudes de la aut�ntica mujer. Pero es forzoso ser justos: est� en general tocada de una enfermedad que podr�a diagnosticarse como caserismo o provincianismo. No acaba de dejar el pesado lastre de mil prejuicios. Vive en perpetua extra�eza, en perpetua sorpresa ante todo. Y mientras la mujer no se abra a os vientos de todas las modernidades -que no son modernismos- estas no triunfar�n definitivamente".
Rosa Arciniega, prototipo de 'la mujer moderna' que imagin� una distop�a de inspiraci�n socialista
Es probable que Rosa Arciniega (1909-1999) viera Metr�polis en la sala de alg�n cine de Barcelona o de Madrid, ciudades en las que se estren� en 1928, justo el a�o en el que,...








