20 de agosto, 2026 - 08h00Cuando en 1929 Virginia Woolf publicó un librito que tituló Un cuarto propio, no pensó en la trascendencia que tendrían sus ideas. Véase solamente el que voy a comentar, construido todo sobre el pensamiento de la inglesa, pero con vitales asociaciones al mundo actual. Tamara Tenenbaum (1989), invitada por la FIL GYE 2026, luego del éxito notable de El fin del amor (2019) que la llevó a escribir los 18 guiones de la serie de televisión que se hizo en Buenos Aires, a base de este libro, innova el ensayo literario. Este género nació como una reflexión en la que un hablante desarrolla un cuerpo de ideas personales en torno de un tema. Siempre se menciona a Montaigne y a nuestro Juan Montalvo, a la hora de identificar ensayistas. En la mayoría de los textos dominaba un tono neutro, construido sobre la lógica y la información. La misma Woolf hizo caso omiso de ese modelo y escribió unas páginas donde hay narrativa ficticia, comentarios a obras literarias de mujeres y propuestas originales. La primera pregunta que me hice fue si era posible seguir el pensamiento nuevo sin conocer el del libro base y, porque Un cuarto propio es una de mis lecturas de formación, respondí que sí, que Tenenbaum organiza sus interpretaciones en torno de citas y extractos resumidos que nos permiten consumir dos libros a la vez. Sin el menos arredro, pasa de la tercera a la primera persona para confirmar o distanciarse de la vivencia de Virginia. Un ensayo (que recuerda a las monografías y tesis de graduación) se convierte así en un texto personalísimo, en el cual la autora no abdica de su coyuntura, sea doméstica, laboral o urbana, que la identifica como ciudadana de su tiempo. Lo que cabe comentar aquí es poco, tal es la riqueza de este libro que empieza por clarificar la distancia temporal de las dos miradas: la de Londres y la de Buenos Aires, unidas por el puente de lo que podría llamarse feminismo (pese a que Virginia fue sensible a los problemas de su género, pero no tuvo definiciones al respecto), que merece una revitalización porque el presente tiene otros valores y las mujeres deben ser conscientes de sus privilegios y carencias. La mujer de hoy trabaja –escribe, como Tamara, y vive de ello–, se mantiene y atiende en lo doméstico, se compromete en varios frentes y está atenta a los signos de su época.Los capítulos se dedican a temas de Virginia: el del dinero, principalmente, a fin de cuentas, propuso que lo que la mujer necesitaba era un espacio propio y una renta, ambas realidades que suponen posesiones materiales; otro para el dinero, tema tabú, tanto como el del sexo, del que recién se habla y que se debe impulsar –para hacerlo, no para recibirlo– porque “el dinero estructura todas las libertades en el mundo de hoy”. El de la comida –Woolf denuncia el insípido menú en una universidad femenina– es una elucubración de lo que es abordar las tareas domésticas a conciencia (cocinar puede ser un placer o una tortura). Así se le imponen otros temas: el resentimiento o la nostalgia y la tradición (tan adecuado para pensar en qué añoramos o qué nos hace falta al escribir literatura). ¿Qué será más fácil? Contar historias, encadenar versos del alma, entablar conversaciones o razonar detrás de las preguntas que la vida nos va dictando. Así tienen salida los géneros literarios. (O)