La Fiscalía continúa investigando un presunto centro de extorsión donde usaban fotografías personales como instrumento de presión. Según las versiones entregadas a la Fiscalía General del Estado por trabajadores de la misma empresa que figuraba como call center, los operadores utilizaban plantillas digitales editables para fabricar falsos “boletines de búsqueda” con las fotografías de personas que mantenían deudas con aplicaciones de préstamos.Los montajes no se limitaban a identificar al supuesto deudor. Los operadores añadían textos que lo vinculaban con delitos graves. Entre las acusaciones mencionadas en las declaraciones aparecen pedofilia, violación, secuestro de niños, estafa y robo. La finalidad, según los testimonios, era aumentar la presión para conseguir el pago.PublicidadLa investigación reveló que las imágenes podían circular más allá del teléfono del deudor. Los trabajadores describieron envíos mediante WhatsApp, Telegram, Facebook y mensajes de texto, utilizando información de contacto que, según las indagaciones, las aplicaciones de crédito obtenían de los dispositivos de sus usuarios.Diez detenidos en Quito tras descubrir un supuesto ‘call center’ que habría sido usado para extorsiones a nivel internacionalUna oficina que funcionaba como centro de cobranzasEl caso salió a la luz el 21 de agosto, cuando la Policía Nacional intervino unas oficinas ubicadas en el centro-norte de Quito. El inmueble funcionaba bajo la denominación comercial de una empresa que públicamente ofrecía puestos de trabajo como gestores y asesores de cobranza.PublicidadPublicidadEn publicaciones laborales asociadas a la compañía ofrecían puestos de gestor de cobranza con un salario base de $ 470 más comisiones y describían tareas relacionadas con recuperación de cartera.Durante un operativo, las autoridades de Policía encontraron decenas de trabajadores frente a computadoras y teléfonos. Había 118 personas, pero solo diez fueron detenidas, entre ellas el ciudadano chino Yang X., señalado por las autoridades como responsable de la estructura investigada.La investigación también identificó a trabajadores que cumplían funciones de supervisión y auditoría. Según las versiones recogidas por Fiscalía, esos mandos controlaban el trabajo de los operadores y exigían resultados en las gestiones de cobro.La noche del sábado, 22 de agosto, la Fiscalía pidió prisión preventiva para los 10 procesados por el presunto delito de asociación ilícita con fines de intimidación y extorsión.“Secuestrador de niños”: así funcionaban las plantillasDentro del proceso judicial, una de las trabajadoras relató ante la Fiscalía que en las computadoras existían plantillas que los operadores podían editar. Allí supuestamente incorporaban la fotografía del cliente y modificaban el texto según el tipo de presión que debían ejercer.En su versión, la empleada describió una plantilla que utilizaba imágenes de niños abrazados y que acompañaba la fotografía del cliente con acusaciones relacionadas con secuestro de menores o estafa. La declaración forma parte de las versiones voluntarias recogidas durante la investigación.PublicidadOtra trabajadora explicó que los operadores descargaban fotografías de los clientes desde sus redes sociales y las incorporaban en boletines en los que aparecían acusaciones de ser violadores o pedófilos. Después, esos contenidos se enviaban a través de diferentes plataformas digitales.Los testimonios muestran así un mecanismo que aprovechaba la exposición social como herramienta de cobro. El objetivo no era únicamente contactar al deudor, sino llevar la amenaza hasta su círculo personal para aumentar el costo social de no pagar.‘Son personas que tienen que estar presas’: ministro del Interior espera decisión sobre diez detenidos en presunto centro de extorsiones en QuitoDe la deuda al teléfono de familiares y amigosLa investigación apunta a que el mecanismo comenzaba cuando una persona solicitaba un crédito mediante determinadas aplicaciones móviles que ofrecen la entrega de montos de manera “rápida”.Según las versiones de los trabajadores, las aplicaciones podían acceder a información almacenada en los teléfonos, entre ella fotografías, datos personales y contactos. Esa información permitía establecer una vía de comunicación con personas distintas al titular del crédito.La estructura de cobro utilizaba entonces esos datos para ejercer presión. Cuando un cliente no cumplía con el pago, los operadores podían recurrir a mensajes, llamadas y boletines digitales. La investigación sostiene que estos métodos formaban parte de una estrategia de cobranza agresiva aplicada a clientes de varios países.El esquema tenía además una dimensión internacional. De acuerdo con la información publicada tras el operativo, la empresa gestionaba carteras de personas de México, Colombia, Perú y Chile desde sus oficinas en Quito.Los trabajadores también estaban bajo presiónLos testimonios no solo describieron las prácticas dirigidas contra los deudores. También expusieron el aparente sistema interno al que, según los trabajadores, estaban sometidos los operadores.Las versiones señalan que los empleados supuestamente debían cumplir metas de recuperación y entregar evidencias de las gestiones realizadas. En algunos casos, los trabajadores afirmaron que las auditorías incluían la revisión de sus computadoras y teléfonos.La investigación señala además que los empleados supuestamente enfrentaban sanciones económicas cuando no cumplían determinadas metas. Según las declaraciones recogidas, esas presiones buscaban mantener un nivel constante de cobranza.El “boletín” como arma de presiónEl elemento que se repite en las declaraciones es la utilización de la imagen personal del deudor para aumentar la presión. Una deuda podía convertirse así en un montaje que involucraba públicamente a la persona con delitos que, según los testimonios, nunca había cometido.Cuatro aprehendidos en dos casos de extorsión registrados en Manabí y Santa ElenaLa estrategia aprovechaba un punto particularmente sensible: la reputación. Un mensaje privado podía convertirse en una fotografía acompañada de una acusación falsa y enviada a familiares, amigos o compañeros de trabajo.La Policía y la Fiscalía investigan ahora la estructura que operaba desde Quito y su posible relación con las aplicaciones de préstamos utilizadas en otros países. El allanamiento dejó diez detenidos y permitió recopilar dispositivos, información y testimonios que forman parte de la investigación. El caso permanece bajo investigación. (I)
Así habría operado ‘call center’ de Quito para extorsionar a usuarios de aplicaciones de crédito en el país y a nivel internacional
Diez personas fueron detenidas por este caso y recibieron prisión preventiva por el presunto delito de asociación ilícita con fines de intimidación y extorsión.






