Algo pasa en el mercado de deuda y Washington ha decidido que es mejor no esperar a averiguar hasta dónde puede llegar el daño. El martes 18 de agosto, la rentabilidad del bono a 30 años alcanzó el 5,34%, su nivel más alto desde 2007. Al día siguiente, miércoles 19, el Tesoro estadounidense anunció que duplicará desde el 9 de septiembre hasta al menos 4.000 millones de dólares determinadas recompras de deuda de largo plazo. El efecto fue inmediato. El rendimiento cayó casi diez puntos básicos. Problema resuelto. O no.Bastó prácticamente un día para que el mercado empezara a devolver el golpe. El pasado viernes 21, el bono a 30 años había regresado hacia el 5,25% y el secretario del Tesoro, Scott Bessent, dejó la puerta abierta a recompras todavía mayores. Washington lanzó una señal bastante clara al mercado y el mercado respondió con otra: para bajar de verdad los tipos largos hará falta algo más que una operación de unos cuantos miles de millones.¿Qué teme la Casa Blanca para decidir una intervención?Hay compradores, las subastas siguen funcionando y nadie está dejando al Tesoro estadounidense con la deuda encima de la mesa. Pero esos compradores están exigiendo cada vez más dinero para prestar a Estados Unidos durante diez, veinte o treinta años. Y cuando las rentabilidades largas alcanzan máximos de casi dos décadas y Washington decide intervenir fuera de su calendario habitual, el mercado teme lo peor. Algo ha cambiado y conviene separar dos cosas. Una es lo que haga la Reserva Federal (Fed) con los tipos oficiales y otra bastante distinta lo que está sucediendo en el extremo largo de la curva.La Fed puede mover con bastante eficacia el precio del dinero a corto plazo. Mucho más complicado resulta controlar cuánto exige un inversor para prestar a Estados Unidos durante 10, 20 o 30 años. Ahí entran el crecimiento, la inflación, el déficit, la credibilidad fiscal, la cantidad de bonos que llegan al mercado y, sobre todo, cuánto capital existe para absorberlos. La deuda estadounidense acaba de superar los 40 billones de dólares, el déficit público continúa por encima del 6% del PIB y la factura anual de intereses se acerca ya a 1,2 billones de dólares. Es una necesidad gigantesca de financiación que llega precisamente cuando otros muchos también están buscando dinero.Las grandes tecnológicas son uno de ellos. La inteligencia artificial (IA) está obligando a construir centros de datos, comprar chips, contratar capacidad eléctrica y levantar una infraestructura que necesita cantidades extraordinarias de capital. Hasta mayo se habían emitido alrededor de 236.000 millones de dólares de deuda vinculada a la IA en todo el mundo, más de cuatro veces lo colocado durante el mismo periodo de 2025, según Morgan Stanley. Durante años había dinero suficiente para financiar prácticamente todo a tipos muy bajos. Ahora gobiernos, tecnológicas, industria y defensa están llamando al mismo mercado al mismo tiempo. Y quienes ponen el dinero empiezan a cobrar más por hacerlo.Japón ya avisóA comienzos de agosto, Washington salió al mercado para apoyar al yen después de que Tokio tratara de detener el desplome de su moneda, pero la preocupación estadounidense tenía una explicación bastante menos altruista de lo que parecía porque Japón es el mayor tenedor extranjero de bonos de Estados Unidos y, si necesita grandes cantidades de dólares para defender su divisa, puede conseguirlas vendiendo parte de esa deuda. El riesgo aparece cuando uno de los principales compradores históricos empieza a reducir posiciones justo cuando Washington necesita colocar cantidades récord de bonos, porque ese movimiento puede añadir todavía más presión sobre las rentabilidades a largo plazo.Por eso Bessent llegó a plantear que Japón utilizara el mecanismo que permite conseguir dólares entregando bonos como garantía sin necesidad de venderlos directamente en el mercado. Dicho de otra manera, Washington intentaba evitar que Japón tuviera que lanzar bonos estadounidenses al mercado precisamente en el peor momento.La maniobra de BessentBessent está intentando aliviar esa presión aumentando las recompras de deuda larga. La lógica es bastante sencilla. Si el Tesoro retira bonos de 10, 20 o 30 años del mercado, reduce la oferta disponible, sostiene su precio y empuja su rentabilidad hacia abajo. El problema es que la deuda no desaparece, simplemente cambia de sitio. Para financiar esas recompras, Washington se apoya más en deuda a corto plazo, precisamente donde el coste es menor. Eso abarata hoy la factura, pero obliga al Tesoro a refinanciar una cantidad creciente de dinero cada pocos meses o años y le deja mucho más expuesto a lo que haga la Fed con los tipos oficiales.Y aquí aparece la segunda limitación. La operación anunciada tampoco tiene un tamaño suficiente para cambiar por sí sola el mercado. Las recompras pasan de 2.000 millones a al menos 4.000 millones por operación frente a un mercado de bonos de más de 32 billones de dólares. Por eso el movimiento del miércoles fue fuerte y por eso, apenas 48 horas después, buena parte del efecto ya había desaparecido.Entonces, ¿qué está intentando conseguir realmente Washington? Más que cambiar de golpe la tendencia del mercado, está intentando frenar la velocidad de la subida de los tipos largos y ganar tiempo. Según Julius Baer, el momento elegido sugiere que el Tesoro "está preocupado por el reciente aumento de los costes de financiación a largo plazo y dispuesto a actuar para contenerlo". El problema es que, si detrás siguen estando los mismos déficits, la misma necesidad de emitir deuda y la misma competencia por el capital, el mercado puede terminar exigiendo todavía más rentabilidad.Eso es precisamente lo que advierte JP Morgan. Si los inversores interpretan que Washington intenta contener artificialmente los tipos largos sin resolver las causas fiscales que los están empujando al alza, pueden pedir una prima mayor para seguir comprando deuda estadounidense. El mercado sigue absorbiendo todo, por ahora, pero el próximo mes puede convertirse en la siguiente prueba seria. Las previsiones apuntan a que solo en septiembre las grandes empresas tienen previsto emitir deuda por valor de 200.000 millones de dólares.
¿Se está rompiendo el mercado de bonos? La maniobra de Washington enciende las alarmas
El mercado afronta una prueba de fuego el próximo 9 de septiembre, cuando el Tesoro destinará al menos 4.000 millones de dólares a determinadas recompras de deuda de largo plazo.











