Scott Bessent acertó de lleno el miércoles. La decisión de duplicar hasta los 4.000 millones de dólares el volumen de las recompras de los bonos con mayor vencimiento provocó que el rendimiento de los bonos del Tesoro a 30 años se desplomara 0,1 puntos porcentuales —una caída mayor que la registrada en cualquier otro día del último año— y animó los sectores apalancados del mercado bursátil. No obstante, Bessent se está limitando a hacer cambios superficiales. Los rendimientos a largo plazo han ido subiendo en medio de una mezcla tóxica de despilfarro fiscal, un auge sin precedentes de la inversión en inteligencia artificial y presiones geopolíticas.
El lunes, el rendimiento a 30 años alcanzó su nivel más alto desde antes de la crisis financiera mundial, a pesar de los esfuerzos previos de Bessent por mantenerlos bajos. El rendimiento a 10 años se mantiene por debajo del nivel alarmante cercano al 5 % que alcanzó a finales de 2023, pero esto no debería tranquilizarnos: si observamos el rendimiento "real", ajustado a la inflación, para el periodo de cinco años que comenzará dentro de cinco años —a fin de eliminar la influencia del tipo de interés a un día—, este año ha alcanzado su nivel más alto desde 2009.












