0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialMadrid quiere tener playa pero sus vecinos no lo tienen tan claro. La mayor piscina de olas artificiales de Europa se está construyendo en Madrid, en el barrio de San Blas/Canillejas, un mastodóntico proyecto, denominado Gemswell Surf Madrid, que tiene en contra a asociaciones de vecinos, comerciantes y plataformas ecologistas del barrio por su impacto social, de movilidad y medioambiental. Tiene prevista su apertura en la primavera de 2027.El complejo, que está destinado a la práctica del surf con capacidad para 120 surfistas simultáneos y un área anexa de playa artificial, zona de conciertos y restauración, lleva en construcción desde agosto de 2024 en los terrenos anexos al estadio Metropolitano. El Ayuntamiento de Madrid cedió en 2022 al Atlético de Madrid los terrenos durante 75 años para construir la llamada Ciudad del Deporte.Los vecinos también señalan los problemas de movilidad y de ruido que estos complejos suponenPero, como apunta Miguel Montejo, concejal de Mas Madrid San Blas Canillejas, una vez hecha la cesión, “empezaron a cambiar cosas del plan original”. El Ayuntamiento aprobó un Plan Especial urbanístico para poder ampliar los usos de uno de los terrenos cedidos y acoger un hotel y un recinto de conciertos pero un particular recurrió este cambio en los tribunales, que anularon el Plan. El Ayuntamiento, sin embargo, ha recurrido esta anulación al Tribunal Supremo.Mientras se dirime esta anulación en el alto tribunal, las obras de la piscina siguen adelante. El proyecto cuenta con una inversión superior a los 60 millones de euros, de los que 15,7 millones proceden del Fondo de Resiliencia Autonómico, financiado con recursos europeos Next Generation. “No es una instalación para el barrio, es para una minoría y hay un malestar vecinal importante. También las asociaciones de comerciantes del barrio están molestas”, explica Montejo. Para la empresa Gemswell, este es “un proyecto popular de largo recorrido que satisfará las necesidades de una población urbana que demanda deporte y ocio en un entorno saludable”.La financiación europea para el proyecto se ha canalizado a través de a través de Buenavista Infrastructure, elegida por el Banco Europeo de Inversiones (BEI) para gestionar la financiación hacia “proyectos de desarrollo urbano y de turismo sostenible”. Sin embargo, asociaciones ecologistas como la Plataforma Ecologista Madrileña califican el proyecto de “despropósito” precisamente por su altísimo impacto medioambiental. “Están financiando con dinero público europeo proyectos que a largo plazo no van a ir a ningún sitio porque suponen un alto consumo de recursos naturales. No son sostenibles”, señala María Ángeles Nieto, portavoz de la Plataforma.La asociación ecologista ha presentado recientemente unos cálculos que señalan que la laguna artificial albergará 30.000 metros cúbicos de agua potable suministrada por el Canal de Isabel II (CYII). Según los promotores, tras el llenado inicial el consumo adicional se limitará principalmente a la evaporación. Pero es que esta pérdida por evaporación, junto al filtrado, limpieza, pérdidas por salpicaduras y consumos de los visitantes supondrá un consumo total anual real de entre 38.000 y 42.000 metros cúbicos, equivalente al gasto doméstico de más de 800 personas.Los promotores subrayan que el proyecto ha obtenido una validación positiva del principio europeo DNSH ( Do Not Significant Harm ) por parte de un experto independiente. En cuanto al consumo hídrico, detallan que la instalación integra medidas complementarias de alta precisión para evitar pérdidas y que el agua se reutiliza de forma constante dentro de un circuito cerrado. Y por otro lado, apuntan que el llenado de las 140.551 piscinas de la Comunidad de Madrid no representa más del 1% de la capacidad máxima de almacenamiento del CYII. Sin embargo, “ningún sistema de recirculación puede evitar la evaporación, que es una pérdida física irrecuperable”, señalan los ecologistas.Junto a este impacto, las asociaciones resaltan los problemas de movilidad y de ruidos que la zona de conciertos supondrá y que no se está enfrentando desde ya. “Destrozan la vida a los vecinos. La turistificación expulsa a los vecinos del centro y en el extrarradio les expulsan con los eventódromos”, se lamenta Nieto.Licenciada en Derecho y Periodismo. Master de Periodismo y de Periodismo Jurídico UAM/El País. Ha trabajado como redactora de Empresas en Cinco Días y como directora de comunicación de ANFAC.