0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialTres consejos fáciles para ser financieramente independiente. Las únicas cinco cuentas corrientes que necesitas tener. Cómo invierto 1.000 euros en acciones. Así se generan beneficios gracias a los memecoins . Cualquiera que se adentre en plataformas como TikTok o Instagram puede acabar expuesto a las decenas de miles de perfiles que pregonan fórmulas como estas para liberarse del yugo del trabajo asalariado y hacerse rico en unos pocos y simples pasos. Los llamados finfluencers han crecido al calor de las redes, pero su capacidad para llegar a miles de potenciales inversores –a menudo, sin la educación financiera suficiente– ha encendido las alarmas de expertos y reguladores, que cuestionan tanto la formación de algunos de estos creadores como la calidad de sus recomendaciones.Según un análisis de 150 vídeos con más de 100.000 visualizaciones elaborado por la plataforma BrokerListings.com, el 74% de estos contenidos virales no especifica claramente qué credenciales profesionales tienen sus autores para ofrecer este tipo de consejos. Los clips casi siempre subestiman los riesgos que pueden acarrear estas inversiones: en el 68% se destacan más las potenciales ganancias que la posibilidad de que se produzcan pérdidas, volatilidad en los índices o apuestas fallidas. Además, son comunes las promociones que mezclan sus indicaciones para invertir con menciones a productos financieros o cursos de ventas, aunque en la mayoría no se concreta la remuneración que recibe a cambio el finfluencer .Una de cada cuatro personas ha pedido consejos financierosa la IA, según una encuesta del TSBCon un lenguaje que incita al FOMO (acrónimo de fear of missing out , el miedo a perderse algo que los demás disfrutan) y explotando mitos como los “ingresos pasivos sin esfuerzo”, muchos de estos consejos contienen verdades a medias o simplificaciones que pueden llevar a los usuarios a tomar decisiones de inversión sin conocer los riesgos. Otro informe reciente de la Universidad Queen Mary de Londres analizó 3.000 publicaciones en redes sociales que contenían recomendaciones de inversión. Casi nueve de cada diez presentaban más aspectos negativos que positivos. “La calidad de los consejos financieros en las redes sociales es generalmente baja”, señala Eileen Tipoe, autora del estudio. La brevedad de estos contenidos también contribuye a ello: una simple infografía o una explicación de 30 segundos difícilmente permite comprender conceptos financieros complejos que requieren de más contexto. De acuerdo con la investigación, solo el 8,5% de las publicaciones procedía de autores que acreditaban su experiencia en el perfil, y apenas el 13% incluía advertencias sobre las consecuencias de una inversión infructuosa.“El nivel de educación financiera en Europa es muy débil”, lamenta Josep Soler, consejero ejecutivo de la European Financial Planning Association (EFPA) en España. Sin embargo, la popularidad de estos perfiles coincidió con un momento pospandemia que favoreció el aumento del ahorro y permitió que una parte de ese dinero se destinara a la inversión. “Entonces estos influencers financieros crecieron mucho y sin ningún tipo de regulación. Veníamos de un mal momento y casi podías ganar dinero lo pusieras donde lo pusieras”, explica Elisabet Ruiz-Dotras, codirectora de la cátedra de Salud y Educación Financiera de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Estos mensajes calaron especialmente entre los jóvenes, con menor experiencia y conocimientos financieros, que se dejaron llevar por las promesas de estos perfiles digitales.No están obligados a tener titulación, pero pueden estar sujetos a normativas por recomendar inversionesAsesores financieros como Soler y Ruiz-Dotras critican que, mientras ellos deben actualizar y reciclar constantemente su formación para mantenerse al día de las nuevas normativas, el control sobre los finfluencers es mucho más laxo. “A veces no te dicen que les está pagando una entidad o una plataforma de trading y están dando consejo sin la misma exigencia que los profesionales cualificados”, dice el consejero ejecutivo de EFPA España. Estos creadores de contenidos no necesitan tener una titulación en finanzas para publicar sobre inversiones, pero sí que se les podría considerar legalmente responsables de cualquier perjuicio que sufran sus seguidores por dar informaciones engañosas o imprudentes.La Autoridad Europea de Valores y Mercados ha publicado algunas orientaciones para estos finfluencers y les ha advertido que las normas sobre recomendaciones de inversión también puede aplicarse a sus actividades. Cuando se trata de consejos personalizados, estas personas deberían obtener una licencia concedida, en el caso de España, por la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). El organismo ha estrechado el cerco a este fenómeno y en mayo analizó 100 perfiles, de los cuales el 10% incumplía normas sobre recomendaciones de inversión o podía estar prestando asesoramiento personalizado. Tanto Soler como Ruiz-Dotras también consideran que hay falta de transparencia en la publicidad encubierta por parte de entidades financieras, algo que Bruselas quiere solucionar con una nueva directiva que está en camino.La mayoría de estos perfiles destacan más las potenciales ganancias que los riesgos de invertirA este cóctel se le suma un último elemento de distorsión: la inteligencia artificial se ha convertido en un nuevo compañero de aventuras para los inversores. Según una encuesta reciente del banco británico TSB, una de cada cuatro personas ha pedido consejos financieros a la IA, y más de la mitad no es capaz de identificar contenidos financieros generados con esta tecnología. “Es como autodiagnosticarte una enfermedad con ChatGPT: la probabilidad de obtener un diagnóstico erróneo es elevada”, advierte Ruiz-Dotras.Periodista de Economía en La Vanguardia. Antes trabajó durante diez años en la misma sección en el Diari Ara. Es autora del libro 'El club de los unicornios' (Península, 2023).
Cerco a la autoayuda de las finanzas
Expertos y reguladores alertan de la falta de formación acreditada de algunos ‘finfluencers’ y la baja calidad del contenido









