En algún momento de los 13 años de Brisa Borda apareció una pelota ovalada. La acercó su mamá, que había empezado a jugar en un grupo de mamis, y Brisa entró al rugby. Entró para probar, se quedó para jugar y siguió jugando hasta convertirlo en una parte central de su vida. Actualmente tiene 27 años, juega y se destaca en Taborin y viaja desde Los Reartes, Calamuchita, para entrenar. En el medio quedaron años de rugby, cambios, responsabilidades y, el último fin de semana, una caricia le regaló este deporte y le encendió la llama de las ilusiones. Es que formó parte de la convocatoria a la concentración de la Selección argentina de rugby femenino.

Las Yaguaretés estuvieron en Córdoba realizando una pretemporada, donde alternaron jornadas de entrenamiento y competencia formal. Fue un escalón en la preparación rumbo a los Juegos Odesur de septiembre (que reparten una plaza a los Juegos Panamericanos Lima 2027) y al Sudamericano de octubre, en el camino hacia el gran objetivo del equipo: recuperar un lugar en el World Championship de seven femenino. Y entre las que participaron estuvo Borda, que vivió un momento especial en su carrera.

En diálogo con Perfil Córdoba, Brisa cuenta sobre su vida en el rugby. “Desde el primer momento me gustaron mucho los valores del deporte, especialmente el respeto y el compañerismo. Con el paso de los años el rugby se fue convirtiendo en una parte muy importante de mi vida. Siento que el rugby se parece mucho a la vida. En un partido te caés, te golpeás, pero te volvés a levantar y seguís adelante, sin importar cuántos golpes hayas recibido. Para mí, de eso también se trata la vida”, reflexiona.