Su primer recuerdo en el cine es el de un niño jugando a esconderse entre las butacas. Cuando era pequeño, el padre de Josué Reyzábal (Madrid, 1980) lo llevaba a la sala principal y él se quedaba sentado al lado, divirtiéndose con el proyeccionista y unos muñecos o acompañando a la familia mientras oía anécdotas de aquel lugar. Ahora es un adulto y se ha convertido en “otro eslabón más de la cadena”, como él mismo repite en varias ocasiones. Desde que lo nombraron consejero delegado de los Cines Callao y se convirtió en copropietario del negocio junto con su madre y su hermana, parece tener cada vez más claro que estos 100 años de historia ya no caben en un solo auditorio.
Si alguien rodea hoy el emblemático edificio junto a la Gran Vía de Madrid, y observa su estructura, aún puede viajar a aquel cinematógrafo que un siglo se estrenaba con una película de cine mudo. Era Luis Candelas, el bandido de Madrid, un filme de Armand Guerra sobre un bandolero de Lavapiés. Con él se inauguró un nuevo portal a otros mundos, en un momento en el que las historias sonoras aún no habían llegado a la gran pantalla española y el país vivía bajo una dictadura, la de Miguel Primo de Rivera. La imagen actual es muy diferente: su fachada art decó se mantiene, pero el negocio del cine se ha extendido a toda una plaza integrada en un paisaje de pantallas LED, anuncios de grandes compañías y macroeventos comerciales.








