EntrevistaEl exdirector de Planeación Nacional y ‘chairman’ BTG Pactual, habla del panorama con el terremoto y los otros retos a cumplir para el país.Armando Montenegro, Chairman de BTG Pactual. Foto: EL TIEMPO22.08.2026 22:40 Actualizado: 22.08.2026 22:40

El terremoto del 10 de agosto cambió por completo las prioridades el país. De la noche a la mañana la agenda de trabajo del gobierno entrante se modificó y las cifras de su financiación se multiplicaron. En cuestión de horas los nuevos funcionarios pasaron de pensar en austeridad y ajuste fiscal a hacer cuentas de los millonarios montos necesarios para financiar la atención de las víctimas y la posterior reconstrucción de las viviendas perdidas.¿De dónde va a salir la plata para atender la emergencia? ¿En qué queda la necesidad de hacer un ajuste fiscal para recuperar la sostenibilidad macroeconómica? ¿Qué pasará ahora con las oportunidades que se habían identificado para que el sector privado asumiera el liderazgo del crecimiento económico? Esos y otros interrogantes son abordados a continuación por Armando Montenegro, exdirector de Planeación Nacional y actualmente chairman de la banca de inversión BTG Pactual, quien aprovecha su experiencia pública y privada para diseccionar la crisis actual y los caminos para resolverla.-¿Cómo debe ser la respuesta de la política económica ante una catástrofe como la del terremoto?La respuesta económica a la tragedia debe tener en cuenta los demás problemas del país, que son muy graves. El sistema de salud se está cayendo a pedazos, el sector eléctrico tiene problemas muy serios y el déficit fiscal es enorme. El terremoto cambia las prioridades, pero no puede ocultar los demás problemas.-Antes del terremoto estábamos abocados a un ajuste fiscal de 60 o 70 billones de pesos. Ahora los costos directos del terremoto se calculan en 30 billones. ¿Qué significa eso?El déficit fiscal, según el ministro de Hacienda, era de 7,8 puntos del PIB antes del terremoto. Mientras tanto, sectores como salud y energía necesitan recursos urgentes equivalentes a alrededor de un punto del PIB. Así las necesidades fiscales suben a 8,8 por ciento del PIB y, si el terremoto cuesta 1,5 del PIB, estamos cerca del 10 por ciento del PIB. Ese es un déficit enorme, probablemente no visto desde la guerra de los Mil Días, que necesita medidas urgentes y una gran atención.-La emergencia económica decretada por el Gobierno busca cubrir la parte relacionada con el terremoto. Pero ¿el resto cómo se maneja?Antes del terremoto, el Gobierno había anunciado un plan de ajuste fiscal: reforma tributaria, reforma del Estado y recorte del gasto. A eso hay que añadirle nuevas medidas fiscales y un reordenamiento de las regalías que puede ser bastante más profundo de lo que se ha dicho. Pero los colombianos estamos a la espera de que el ministro de Hacienda y el Gobierno nos den una visión de mediano plazo que aclare, ante un problema fiscal de nueve o diez puntos del PIB, qué medidas se van a adoptar por la emergencia económica, y cuáles para encarar el problema estructural.Así quedó la Clínica Noé en Pereira tras el terremoto Foto:Juan Pablo Rueda-En estas condiciones, ¿es posible prescindir de una nueva reforma tributaria?No creo. Con el presupuesto de 2027 que se debe conocer en unas semanas, el Gobierno debe presentar un nuevo ‘Marco fiscal de mediano plazo’, con proyecciones que nos digan cómo ve la situación fiscal por lo menos hasta el final de este mandato. La reforma tributaria el Gobierno ya la había anunciado y es inevitable. Lo que se puede discutir es si va a ser en dos capítulos: una parte con la emergencia económica a través de decretos y la otra en proyectos de ley que deben ser discutidos en el Congreso.-¿Y cómo se estabilizan las finanzas públicas con necesidades fiscales cercanas al 10 por ciento del PIB?Lo primero es que una corrección de ese tamaño es francamente imposible en el corto plazo. Creo que el Gobierno debe presentar un plan de ajuste de tres o cuatro puntos del PIB, es decir, esos son 80 millones en un periodo de cuatro años. Esto no puede ocurrir de un día para otro o de un año para otro, y debe incorporar recortes del gasto, eliminación de algunas funciones innecesarias y duplicaciones.-El Gobierno llegó al poder con el propósito de reducir el tamaño del Estado y de dar un mayor juego al sector privado. Ahora que el Estado debe salir al rescate, ¿se pone en riesgo ese modelo?No. El sector privado tiene que hacer un aporte muy importante en esta situación. El país debe volver a producir petróleo como lo está haciendo Brasil, como lo está haciendo Argentina. No se puede seguir pateando la lonchera, no se puede seguir persiguiendo una fuente fiscal tan importante. Lo mismo con minerales. Ahora que se necesitan minerales en el mundo para los chips y las nuevas tecnologías, Colombia debe desarrollar la minería con ambición. Esos son proyectos en los que va a haber inversión privada, nacional y extranjera. Además está el proyecto de la Orinoquia, que le puede aportar al país una gran cantidad de recursos agrícolas que hoy importamos.-Hemos hablado de minería, agroindustria y agricultura. ¿Qué otras oportunidades hay?La construcción también es muy importante porque es un sector que reacciona muy rápido con los ajustes de los subsidios, las tasas de interés y los apoyos del Estado. Incluso la reconstrucción rápida, a través de instrumentos de crédito, puede ser un empujón relativamente rápido y efectivo.-¿Las tentaciones políticas que trae el asistencialismo pueden distraer al Gobierno de su modelo original de menos sector público y más sector privado?Yo esperaría que no. En la atención de la emergencia hay dos fases. Primero está la parte asistencial: llevar comida, agua y medicinas. Pero después viene la reconstrucción, que requiere gerencia, ingeniería y buen manejo de recursos. Eso no da tantos réditos políticos.Bogotá, 10 de febrero de 2026. Mauricio Reina, periodista y columnista de El Tiempo Foto:Fernando Ariza Romero / EL TIEMPO-La división del trabajo del nuevo gobierno, con la parte técnica en el vicepresidente Restrepo y el Presidente haciendo más política y presencia, es un tándem que hasta ahora ha funcionado. ¿Ese tándem puede fragmentarse con el paso del tiempo?Ojalá esa fórmula siga fuerte, y se solidifique esa relación entre el presidente De La Espriella y el vicepresidente. Pero hay que esperar a ver…-Usted fue director del Departamento Nacional de Planeación. ¿Cree que tiene sentido un Departamento de Planeación en una economía como la colombiana en la actualidad?Creo que sí. Colombia requiere de personas que miren lo que sucede a tres, cuatro y más años, como el crecimiento, la transición energética y el cambio climático. Es muy importante para el país que haya en el Gobierno gente capacitada, con experiencia y buena formación que esté pensando en eso.-¿Y hoy el Departamento Nacional de Planeación responde a esas necesidades?Es indudable que en los últimos años, Planeación Nacional ha perdido el protagonismo que pudo tener en otras épocas, con excepciones muy honrosas. Ojalá la persona que nombraron en la dirección de Planeación se rodee bien y pueda volver a poner a la entidad en el lugar que había tenido antes. -¿Y qué opina de ese cambio del candidato a la Dirección de Planeación por otro director en 36 horas?Hay algo que no entendí bien: cuando el Presidente anunció el nuevo director dijo que estaba nombrando al jefe de un organismo adscrito al Ministerio de Hacienda, y eso no es así. El DNP es un departamento administrativo que no depende del Ministerio de Hacienda. Entonces no sé si hay alguna confusión institucional al respecto.-¿Eso puede significar que no se conoce muy bien qué hace Planeación, o revela un deseo de política pública?No podría decirlo. Tendríamos que preguntarle al Gobierno qué piensa del rol de Planeación.-Hablemos de la desconcertante descolgada que ha tenido el dólar. El problema fiscal ha alcanzado dimensiones inéditas y, sin embargo, el dólar sigue bajando. ¿Qué está pasando?El país está atravesando una luna de miel con el gobierno de Abelardo De La Espriella. Los mercados financieros y de capitales están muy optimistas. Tienen confianza en que este gobierno pueda arreglar problemas de fondo, como los fiscales y los financieros. Con esa confianza se han creado condiciones para que suba la bolsa de valores, baje la tasa de los TES y, naturalmente, baje el valor del dólar en Colombia. Lo del dólar se basa en dos elementos. El primero tiene que ver con que el riesgo país ha bajado más de 80 puntos desde la primera vuelta electoral. Ha habido la percepción de que ahora el riesgo de invertir en Colombia es mucho menor, lo que ha traído una fuerte entrada de capitales. Un inversionista se puede endeudar en el exterior al 6 por ciento o 7 por ciento, traer la plata e invertir en TES, que dan 12 por ciento. Entonces la gente se puede ganar 5 por ciento o 6 por ciento más la revaluación. Es un gran negocio. Por otro lado, el Gobierno ha estado trayendo dólares de endeudamiento externo para financiar el déficit y los gastos que tiene que hacer. Esos dos efectos hacen que el dólar se revalúe. Esa es la luna de miel.Hay incertidumbre frente al dólar. Foto:El Tiempo-¿Cuál puede ser el factor que determine el final de la luna de miel y a qué clase de equilibrio cambiario nos debería llevar?Ante todo hay que tener en cuenta que toda luna de miel se acaba.Pero el romance sigue...El romance sigue y eso significa que no vamos a entrar en una tragedia. Pero cuando vengan algunas dificultades en el Congreso o se agudice El Niño, el riesgo del país puede subir un poco. En BTG Pactual estamos pensando que hacia el final del año el dólar puede estar entre 3.400 y 3.500 pesos, en medio de la incertidumbre que hay sobre estos temas.-Hay sectores exportadores intensivos en mano de obra que la están pasando muy mal con aumento de costos laborales de 29 por ciento, por el salario mínimo y la reducción de la jornada laboral, a lo que se suman la revaluación y los aranceles en Estados Unidos. ¿El Gobierno debería hacer algo o es inútil tratar de cambiar las fuerzas del mercado?Sobre la mesa hay dos medidas. El Banco de la República está comprando dólares, y de alguna manera eso constituye una fuerza alcista que seguramente va a tener algún efecto más adelante. Y el Presidente, con buen tino, está tratando de construir alrededor de la amistad y el respaldo de Donald Trump para que nos bajen los aranceles. Políticas adicionales con costo fiscal se podrían tomar, pero en esta situación creo que va a ser imposible hacerlo por ahora. En la medida en que esto sea transitorio, tampoco deberíamos arrancarnos los pelos buscando soluciones de largo plazo. Nosotros creemos que esta situación cambiaria tan crítica no va a durar sino unos meses.-Si usted, como banquero de inversión, hiciera hoy un reporte al mercado con tres puntos sobre los factores que hay que tener en cuenta para saber para dónde va la economía colombiana, ¿Cuáles serían?Primero que todo, debemos esperar que haya un buen ajuste, con una visión panorámica de la situación fiscal y de las medidas que va a tomar el Gobierno. Creo que eso es fundamental. Segundo, hay que evaluar a fondo cuáles serán los planes del Gobierno para reactivar la inversión privada. Ya hablamos de las oportunidades que hay en minería, petróleo, gas, agroindustria y vivienda, y hay que ver qué medidas concretas se toman en esos sectores.Y, tercero, debemos mirar qué va a hacer el Gobierno en el corto plazo con el sector de salud y el sector eléctrico. Allí hay dolencias muy fuertes que debe atacar muy rápido. Afortunadamente tenemos dos ministras muy capaces en Minas y Energía y en Salud, y confiemos en que se le van a plantar al Gobierno para recordarle que, aparte de los problemas y de la emergencia del terremoto, estos sectores deben ser atendidos muy rápidamente.MAURICIO REINAEspecial para EL TIEMPO Sigue toda la información de Economía en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.