Qu� tienen en com�n una invitada a la Semana de la Alta Costura de Par�s y una se�ora sentada a la fresca en la plaza de un pueblo? Bastante m�s de lo que parece. Este verano, el accesorio que ha puesto de acuerdo a prescriptoras de moda como Alexa Chung o Deva Cassel y a tu t�a Mari Carmen, esa mujer que nunca sale de casa sin �l, no ha sido un bolso, unas gafas de sol ni unas sandalias kitten heel. Ha sido un objeto con siglos de historia que nunca dej� de cumplir una funci�n tan sencilla como necesaria: mover el aire. Por necesidad, por estilo o por ambas cosas, el abanico se ha convertido en uno de los protagonistas inesperados de la temporada.
La escena qued� inmortalizada a principios de julio, durante la �ltima Semana de la Alta Costura de Par�s. Mientras los term�metros superaban los 35 grados, editoras, compradoras, invitadas y celebridades se abanicaban entre desfile y desfile. El accesorio se col� en decenas de fotograf�as de street style,Dior lleg� incluso a repartir dise�os de bamb� negro entre sus invitados para combatir la ola de calor. La imagen era tan evidente que la cr�tica de moda de The New York Times, Vanessa Friedman, la resumi� con iron�a en sus redes sociales: "Otro desfile, otro abanico. Hace tanto calor en Par�s que las marcas los est�n distribuyendo como si fueran sobres de az�car". Lo que durante a�os en Espa�a parec�a reservado al folclore, a las tiendas de recuerdos de Palma o Benidorm reaparec�a de pronto en el escenario m�s exclusivo de la moda.Mucho antes de convertirse en un icono del street style, el abanico fue s�mbolo de poder, de elegancia, de artesan�a y de identidad cultural. "Siempre ha tenido la capacidad de hacer aire, pero nunca ha sido esa su funci�n principal", resume la historiadora de la moda S�lvia Ros�s. "A lo largo de la historia ha pesado mucho m�s su dimensi�n simb�lica y est�tica que la pr�ctica", a�ade.De Nubia al �ltimo rinc�n del mundoSu origen tampoco est� donde muchos imaginan. Aunque suele asociarse al Antiguo Egipto, algunas investigaciones sit�an sus primeras formas en la antigua regi�n de Nubia, en el actual Sud�n, desde donde se habr�a extendido hacia la desembocadura del Nilo. Pero fue Egipto quien convirti� el abanico en un emblema de autoridad. En las representaciones de los faraones aparecen grandes dise�os r�gidos de plumas sostenidos por altos dignatarios de la corte, un privilegio reservado a personas de m�xima confianza. "No serv�an �nicamente para refrescar o espantar insectos. Tambi�n proyectaban sombra, marcaban jerarqu�as y hac�an visible el poder", explica Ros�s. La propia tumba de Tutankam�n albergaba varios abanicos, una prueba de que su valor iba mucho m�s all� de la utilidad pr�ctica. "No te entierran con algo irrelevante", detalla la historiadora.Griegos y romanos tambi�n incorporaron distintos modelos a la vida cotidiana y ceremonial. Las c�lebres figurillas de Tanagra ya muestran mujeres sosteni�ndolos como parte de su indumentaria, mientras que en Oriente el objeto sigui� evolucionando hasta que Jap�n perfeccion� el abanico plegable, una innovaci�n que los comerciantes portugueses introducir�an en las cortes europeas a partir del siglo XVI.Cuando el objeto lleg� a nuestro entorno, Par�s se convirti� r�pidamente en el gran centro productor. "Es all� donde deja de ser un objeto independiente para convertirse en una prolongaci�n del vestido", explica Ros�s. Francia e Italia consolidaron entonces el abanico como un accesorio inseparable del lujo y la moda. En Espa�a, especialmente a partir del siglo XVIII, floreci� una de las tradiciones artesanales m�s importantes de Europa, un legado que todav�a hoy sigue vivo.De la empresa valenciana Voira.D.R.Dise�o ganadorQuiz� una de las razones por las que el abanico ha llegado pr�cticamente intacto hasta nuestros d�as sea la sencillez de su dise�o. "Es como una aguja de coser o una pinza de tender la ropa. Son objetos tan bien dise�ados que apenas admiten mejoras", reflexiona Ros�s. Pueden cambiar los materiales, los colores o las t�cnicas decorativas, pero nunca la esencia. Quiz� por eso ha logrado atravesar siglos, modas y culturas sin perder vigencia.Esa perfecci�n formal tambi�n permiti� que se convirtiera en un peque�o lienzo port�til. Pintores, miniaturistas y artesanos trasladaron a sus hojas escenas mitol�gicas, paisajes, retratos y episodios hist�ricos que viajaban de sal�n en sal�n entre las manos de la aristocracia europea. "Es como sacar la pintura del museo y convertirla en un objeto cotidiano", explica Ros�s. Espa�a conserva una de las mayores colecciones p�blicas de Europa. Custodiada por Patrimonio Nacional, re�ne 1.613 ejemplares que destacan por su variedad, calidad y maestr�a t�cnica. La inmensa mayor�a de esas piezas est� en el Palacio Real de Madrid: 1.528 ejemplares. El resto se conserva principalmente en el Palacio Real de Aranjuez y en el Real Alc�zar de Sevilla.Con el paso del tiempo, ya en el siglo XIX, el abanico se consolid� como un accesorio inseparable de la indumentaria femenina y naci� alrededor de �l el c�lebre lenguaje del abanico. Ros�s matiza ese imaginario: "M�s que un c�digo universal, fue una construcci�n rom�ntica que contribuy� a alimentar el misterio de un objeto que ya era mucho m�s que un complemento".Hoy, ese legado no solo ha sobrevivido; tambi�n ha sabido reinventarse. Detr�s de ese renovado inter�s hay talleres y firmas que han adaptado un oficio centenario a los c�digos de la moda actual.Carolina Herrera en MadridUn ejemplo reciente es la colaboraci�n entre Carolina Herrera y Ferran Abanicos. Para presentar su colecci�n Primavera 2026 en Madrid, la firma convirti� un dise�o de �pera en la invitaci�n oficial del desfile. Fabricado en madera grabada y con el pa�s (la parte de tela) en el caracter�stico rojo Herrera, sali� del taller que Ferran Abanicos mantiene en Aldaia (Valencia), donde Cristina Murciano, Luc�a Folgado y Mari Carmen Moreno contin�an un oficio transmitido de generaci�n en generaci�n. La colaboraci�n se enmarc� en la iniciativa Women in Arts, con la que la casa quiso poner en valor el trabajo de mujeres artesanas.El abanico de �pera de Ferran que Carolina Herrera us� de invitaci�n en Madrid.GTRES"Era cuesti�n de tiempo. Bastaba con que algunas marcas apostaran por el abanico para que el resto se diera cuenta de su potencial", afirma el portavoz de la firma valenciana Fernando Folgado Romeu. Para �l, la moda internacional no est� descubriendo nada nuevo, sino volviendo la mirada hacia un accesorio con una enorme capacidad como soporte creativo y est�tico.Tambi�n desde Aldaia surge otra forma de entender el objeto en cuesti�n. Es el caso de Voira, la firma fundada por Empar Hoyo, tercera generaci�n de una familia abaniquera, que reinterpreta ese legado desde el lujo contempor�neo. "Nuestro lema es reinterpretar lo cl�sico sin perder su esencia", explica.Sus colecciones van desde dise�os minimalistas para el d�a a d�a hasta los m�s sofisticados, piezas �nicas elaboradas con piel, perlas, encajes e intervenciones de joyer�a. Incorporan adem�s un collar o una pulsera para que la pieza deje de guardarse en el bolso y pase a formar parte del estilismo incluso cuando permanece cerrada. "Estamos acostumbrados a ver mujeres vestidas impecablemente cuyo abanico no est� a la altura del resto del look. Creemos que eso ocurre porque no exist�a una opci�n realmente distinta, alejada de lo tradicional", afirma Empar para llegar a su propia conclusi�n: "Todo lo que te pones habla de ti, y el abanico no iba a ser una excepci�n".Por cierto, que el hecho de que las dos empresas de las que hemos hablado est�n en la provincia de Valencia no es casual. De hecho, se trata de uno de los grandes centros hist�ricos del abanico en Espa�a. La tradici�n se remonta al menos al siglo XV y se consolida especialmente en el XVIII, cuando Valencia se convierte en el principal centro productor espa�ol y alcanza prestigio europeo. All� se cre� el Gremio de Maestros Artesanos Abaniqueros y existi� una Real F�brica de Abanicos. En 1861 la provincia contaba con decenas de talleres y f�bricas dedicados al sector.Amarillo,






